Persianas levantadas, esperanza en el horizonte

Carmen P. Flores
Carmen P. Flores
Directora de Pressdigital

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Dues dones mengen en la terrassa d'un bar a Barcelona, Catalunya (Espanya) a 14 d'octubre de 2020.


Este lunes las persianas de los bares, restaurantes y otros lugares visitados por la ciudadanía han subido sus persianas después de bastantes días de tenerlas bajadas por las restricciones debido a las graves consecuencias que deja un virus desconocido hasta ahora que se llama Covid. Se conoce poco de este bichito asesino, pero las medidas a muchos les han parecido desproporcionadas al aplicarse por culpa de unos cuantos que se han creído que eran inmunes y han contagiado a miles de personas, incluso se han llevado algunas de ellas por delante.


Con las persianas levantadas, las puertas abiertas, las mesas de bares y restaurantes dispuestas para ser ocupadas, las terrazas con gente, la sonrisa de los que están al frente de los negocios, pasear ahora por la ciudad es otra cosa después de tantos días de tristeza, desasosiego y hasta miedo.


Los bares, restaurantes y cafeterías no son solo una zona para tomar algo y satisfacer el paladar y el estómago, son un lugar de encuentro, de confidencias, y relación entre personas conocidas, o no. La comunicación verbal o visual es la salsa de la vida, la que permite conocer más de las personas y su relación forma parte de la idiosincrasia del ser humano. Privarlo de ello, en muchos casos, produce depresiones, enfermedades, tristeza y mal humor. Una gota de alegría es un charco de esperanza, dijo alguien conocedor de ella.


Da vida ver las persianas levantadas, lo que significa que la actividad ha vuelto, que miles de personas están de nuevo en sus puestos de trabajo con esa vocación de servicio y de sentirse útil con los demás, pero también a uno mismo. “El trabajo es el mejor antídoto contra la tristeza” decía el padre de Sherlock Holmes, Arthur Conan Doyle.


La actividad comercial ha vuelto, pero no hay que olvidar que un tercio de la misma se ha quedado en el camino, la crisis provocada por la pandemia ha castigado con el cierre a miles de establecimientos cuya economía no ha podido soportar tanto tiempo el cierre. Muchos se han visto con un agujero en sus finanzas al tener que abonar los alquileres, no precisamente económicos, nóminas y otros pagos sin que entrase dinero en sus cajones . Es el peaje que han tenido que pagar las más débiles, aunque en esta ocasión también los potentes han sucumbido al desastre.


Ahora, con la vista y el oído puesto en el presente, pero también en el futuro, todos tienen la esperanza puesta en las vacunas que dentro de poco podrán ser administradas a la ciudadanía para luchar en mejores condiciones con un enemigo microscópico, pero de una fuerza destructiva. Todos, desde el Gobierno a los ciudadanos, tienen que poner su granito de arena para que esta pandemia del siglo XXI sea minimizada de la mejor manera posible. La responsabilidad es de todos, no solo de los gobiernos que, aunque hayan metido la pata hasta el fondo, ahora están haciendo lo posible para que el país se levante más pronto que tarde.


Como decía el poeta libanés Khalil Gibran, “Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes”. Ya están las persianas levantadas, la vida ha vuelto y la esperanza está más cerca. 


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