​África Lorente, una luchadora sin tapujos

Carmen P. Flores
Carmen P. Flores
Directora de Pressdigital

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Este Primero de Mayo, la anormalidad ha sido la tónica dominante. Con esa sensación de ser un día extraño, nos llegaba la triste noticia de la muerte por coronavirus de África Lorente. Ella que tantas batallas ha ganado a lo largo de su vida personal, profesional y política, no ha superado el envite final del bicho. En esta ocasión, no ha conseguido su objetivo, porque sus defensas mermadas por el duro tratamiento al que había sido sometida meses atrás para superar un cáncer, no estaban fuertes para hacer frente a la dura y siniestra enfermedad que cada día se lleva, sin distinción de clases, edades o sexo, a miles de personas en todo el mundo.


Africalorente



África Lorente era el prototipo de mujer valiente que no se le ponía nada por delante. Directa, sin pelos en la lengua, se la veía venir, no se andaba por las ramas cuando opinaba sobre algún tema con el que no estaba de acuerdo. Eso en su vida política le trajo problemas con más de un compañero de su partido, el PSC, donde llegó a ser la Primera Secretaria de la Federación del Baix Llobregat. Una mujer, creo que la primera, que llevaba las riendas del PSC en una de las comarcas más luchadoras de Catalunya. No fueron tiempos fáciles para ella durante los cinco años que estuvo al frente. Su carácter fuerte, decidido y sin callarse nada, le reportó peligrosos enemigos. Pese a ello, nunca dejó de ser una mujer valiente y feminista convencida.


En su etapa de política fue diputada en el Parlament de Catalunya, y regidora del ajuntamiento de Castelldefels, ciudad en la que residía y de la que fue alcalde durante bastantes años, Agustín Marina, su marido, fallecido hace cinco años.


Pese a sus discrepancias en más de una ocasión con su partido, nunca dejó su militancia en el mismo, es más, hacia gala de ser socialista y militante del PSC y lo llevaba con orgullo. En su faceta feminista, siempre estaba en la primera línea reivindicativa de los derechos de la mujer. Formaba parte del movimiento feminista de su ciudad, que tantas acciones locales y comarcales habían llevado a cabo. Seguía manteniendo bastantes comidas con sus compañeras fundadoras del movimiento, con las que pasaba largas sobremesas hablando del pasado, pero también del futuro del feminismo y de política en general. Era una gran conversadora que no dejaba a nadie indiferente.


África, tras los cargos políticos, volvió a su otra pasión que era la enseñanza, donde estuvo dando clases hasta su prejubilación. Como era una mujer inquieta y nada dada a quedarse sentada en el sofá, empezó con la que sería su última afición, escribir para plasmar en unas hojas todas esas historias que fluían en su cabeza y que quería mostrar a sus lectores. Ha sido una buena etapa esta, aunque no la única, porque en el tiempo que le quedaba, asistía a conferencias, charlas, tertulias y además disponía de un blog donde dejaba escrito sus opiniones sobre los temas que más le interesaba. Era una persona tan inquieta que no paraba. Tenía claro que las mujeres hacían política de otra manera. Una de sus frases preferidas era “si gobernara las mujeres, otro gallo cantaría” y no le faltaba razón.


Ahora que ha iniciado ese viaje tan largo donde no se regresa, África seguro que allí donde esté seguirá siendo la misma de siempre, sin tapujos, reivindicativa y observando como el mundo sigue su camino. Descanse en paz una luchadora de primera línea.

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