La alcaldesa de ​Sant Boi quiere que toda la ciudad sea un punto lila contra las violencias sexuales

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El convenio formalizado entre la alcaldesa de Sant Boi, Lluisa Moret y el consejero de Interior, Miquel Buch, busca ofrecer una respuesta coordinada a las situaciones de violencia de todos los agentes que actúan en el municipio en relación con la seguridad o el ocio.


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Sant Boi expresa con la firma de este protocolo un mensaje de máximo respeto a la libertad y la indemnidad sexual de las personas. "Queremos que toda la ciudad sea un punto lila", ha dicho la alcaldesa durante el acto de presentación.


Está prevista la formación de hasta 300 personas (policías locales, personal municipal, vigilantes de seguridad privada y personal de control de acceso, entre otros) para la detección y prevención de posibles casos de violencia.


"Hoy formalizamos este convenio de colaboración", ha dicho la alcaldesa Lluisa Moret, "porque la lucha contra las violencias sexuales y contra todas sus manifestaciones es una causa que debe contar con el como compromiso en un frente común de todas las administraciones ".


El consejero de Interior, Miquel Buch, ha afirmado que el protocolo "es un paso más en la colaboración contra un elemento que nos avergüenza como sociedad" y ha destacado que "Sant Boi es desde hace años una ciudad que ha demostrado su compromiso en la lucha contra el machismo ".


El protocolo, asociado a la campaña informativa 'No pasamos ni una', contempla que se puedan penalizar conductas de acoso sexual no previstas en el código penal, pero que se consideran constitutivas de una infracción administrativa. Se podrán visibilizar así violencias machistas que cuestan de identificar y que a menudo son normalizadas o invisibilizadas. Otro objetivo es poder operar no sólo en espacios de ocio públicos, sino también en entornos privados.


Sant Boi cuenta desde hace dos años con un protocolo propio de actuación ante las agresiones sexuales machistas y LGTBIfobicas en el espacio público. El protocolo municipal conlleva, entre otras medidas, la presencia de un punto lila de información y atención especializada en la Fiesta Mayor, el festival Altaveu y el concierto joven de la Feria dela Purísima.


¿QUÉ SON LOS PUNTOS LILAS?


El precusor en los puntos lilas de atención fue el Festivern, el encuentro para celebrar el final de año que se celebra en Tavernes de la Valldigna. Bajo el sello Resistencia Feminista València, los distintos colectivos que gestionaron el espacio denunciaron haber contabilizado más de 25 agresiones en los tres días del festival y la inacción por parte de la organización en un duro comunicado. 


Y es que para las mujeres, una noche cualquiera de fiesta mayor puede ser sinónimo de posibles tocamientos no deseados, insistencias “babosas” y toda la lista de expresiones que toma la violencia machista, hasta llegar a la violencia sexual. 


Para mitigar esta situación, cada vez es más frecuente encontrar unas carpas con señalizaciones violetas, los llamados puntos lilas.  La política de poner puntos lilas es una práctica que tiene sus orígenes en el movimiento feminista, que años atrás empezó a pensar qué fórmulas se podían poner en práctica para generar espacios más seguros para las mujeres. 


Puntolila


Los puntos lilas son puntos de atención donde habrá técnicas (normalmente mujeres) especializadas en violencia machista, con la misión de sensibilizar e informar de todo tipo de recursos disponibles, pero sobre todo de intervenir en casos de agresiones. En sus inicios, estos stands fueron pensados para ser carpas de información, pero hoy en día su tarea principal es ser el primer lugar para acudir en caso de que se viva una agresión machista.


Los puntos lilas acostumbran a contar con otro grupo de técnicas itinerantes que reparten por la fiesta información e identifican agresiones. Porque una de las tareas más importantes es el contacto con el entorno, la inclusión de la perspectiva feminista en comisiones de fiestas, que van más allá del abordaje durante la noche.


Algunas mujeres que han gestionado estos puntos han denunciado públicamente que tienen  que enfrentarse a veces al rechazo de algunos hombres y a insultos como "yihadistas de género", al archiconocido "feminazi" y al "zorras" seguido de "malfolladas", "amargadas" o cualquiera relativo a su situación sexual. Se les acusa de "histéricas", de tomarse la justicia por su mano, incluso de "hacer llorar a los chicos" con sus acusaciones. Pero pese a todo centran sus esfuerzos en ser un punto de apoyo para las mujeres que sufren agresiones.


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