Los jóvenes aprenden en Sant Boi a identificar campañas de desinformación y "Fake News" en las redes sociales
La jornada 'Cert o fake?' reunió a expertas en verificación, representantes europeos y cientos de jóvenes para combatir la desinformación con humor y debate
El teatro Cal Ninyo de Sant Boi de Llobregat acogió este jueves la jornada 'Cert o fake?', una iniciativa dirigida a jóvenes de entre 18 y 35 años que combinó humor, debate y tecnología para aprender a identificar la desinformación en el entorno digital. Las entradas se agotaron y el acto se retransmitió en directo a través de Ràdio Sant Boi. El evento, enmarcado en la celebración del Día de Europa, nació de la voluntad de responder a una amenaza creciente: la desinformación como peligro para los valores democráticos y el proyecto europeo.
El formato apostó por la participación y el entretenimiento, adecuándolo a la forma de consumir información de los jóvenes. A través de un monólogo, el cómico local Marc Martínez, puso en clave de humor las dificultades cotidianas para distinguir lo cierto de lo falso en la era de la hiperinformación. A continuación, un vídeo con testimonios de vecinos y vecinas de Sant Boi mostró el impacto concreto de la Unión Europea en la vida local a través de diferentes proyectos.
Algoritmos, bulos y feminismo
El plato fuerte de la tarde fue el pódcast en vivo 'Influencers de la verificación', moderado por la Comisión Europea y Ràdio Sant Boi, con la participación de Ruth Pérez, jefa de comunicación de Verificat; Carla Galeote, divulgadora sobre feminismo, política y derechos humanos; y Lihem Giménez, creadora de contenido antirracista y feminista.
Las tres analizaron los peligros de los algoritmos y las redes sociales en la propagación de contenidos falsos, subrayando que la mayor parte de la desinformación que circula es deliberada e intencionada, diseñada para generar desconfianza en las instituciones y desestabilizar el sistema democrático.
El debate apuntó especialmente a los populismos de derechas y ultraderecha como principales propagadores de relatos falsos y distopías. También se advirtió sobre la necesidad de identificar de forma precoz los bulos antes de que generen estados de opinión difíciles de revertir.
El debate sobre la desinformación alerta del riesgo de normalizar discursos sin base científica
El turno de preguntas del debate sobre desinformación sirvió para profundizar en cuestiones como la regulación de las plataformas digitales, la responsabilidad de las instituciones, la desconfianza ciudadana y el impacto de las redes sociales entre los jóvenes. Las participantes coincidieron en defender que la lucha contra la desinformación no puede recaer únicamente en los usuarios, sino también en las grandes plataformas y en las instituciones democráticas.
Una de las primeras cuestiones planteadas fue si la regulación del mercado de la desinformación debía basarse en la colaboración con las plataformas o en una actuación más contundente por parte de las instituciones. En este sentido, se defendió la necesidad de incorporar a entidades expertas y profesionales del sector a los procesos reguladores europeos y, si es necesario, “ser valientes y seguir adelante” ante la falta de compromiso de las plataformas digitales.
También se advirtió del peligro de convertir cualquier cuestión en un debate público cuando existen evidencias científicas sólidas. Las ponentes pusieron ejemplos como el cambio climático o la violencia machista, asegurando que “no todo es un debate” y que dar espacio a discursos negacionistas contribuye a normalizarlos. Una de las participantes relató su experiencia en tertulias televisivas, donde decidió negarse a debatir con autores que defendían teorías sobre denuncias falsas porque consideraba que eso legitimaba discursos sin base real.
El debate también abordó la diferencia entre la “desinformation”, entendida como una desinformación deliberada con objetivos políticos o económicos, y la “misinformation”, que es la difusión de información falsa sin mala intención. En este sentido, se recomendó afrontar estas situaciones con empatía y respeto, especialmente cuando afectan a familiares o personas cercanas que comparten contenidos engañosos sin ser conscientes de ello.
Sobre la confianza en las fuentes oficiales, las participantes reconocieron que las instituciones también pueden equivocarse o actuar con información incompleta, como se recordó con ejemplos como los atentados de Madrid de 2004 o la gestión inicial de la pandemia. Aun así, defendieron la necesidad de construir un ecosistema informativo diverso, basado en el contraste de distintas fuentes, estudios académicos, profesionales de confianza y medios de comunicación verificados, evitando tanto la confianza ciega como la desconfianza absoluta.
Las ponentes también apuntaron que parte de la desafección institucional responde a problemas sociales no resueltos, como el acceso a la vivienda o la precariedad laboral, especialmente entre los jóvenes. Según se expuso, esta frustración facilita que prosperen narrativas de desinformación y discursos extremistas que erosionan la confianza en la democracia.
Otro de los temas destacados fue el papel de las redes sociales y el debate sobre abandonar plataformas como Twitter/X. Las participantes coincidieron en que abandonar las redes supone dejar estos espacios en manos de discursos extremistas, y defendieron la necesidad de seguir ocupándolos para combatir la desinformación desde dentro. También reclamaron más responsabilidad a las empresas propietarias de las plataformas para garantizar espacios seguros y limitar la difusión de contenidos violentos o manipuladores.
Finalmente, el debate abordó la posible prohibición de las redes sociales para menores de 16 años. Las participantes mostraron dudas sobre la eficacia de esta medida si no va acompañada de una regulación de los contenidos y de una educación digital adecuada. Defendieron que el problema no es únicamente el acceso de los menores a las redes, sino la permisividad con contenidos tóxicos, desinformación y pornografía. También reivindicaron la necesidad de introducir alfabetización mediática y educación sobre el uso de dispositivos digitales desde las escuelas.
El escudo europeo contra la desinformación
El representante de la Comisión Europea en Barcelona, Marlon Zapiro, explicó el recién lanzado European Democracy Shield, una iniciativa que describió como "el escudo del Capitán Europa contra los malos de la película": actores hostiles y bien organizados que alimentan un ecosistema de desinformación para dividir a la sociedad y erosionar la democracia. Zapiro afirmó que Rusia gasta millones de euros anuales solo en desinformación para interferir en procesos democráticos, y enumeró sus objetivos: el antifeminismo, el negacionismo climático y la guerra híbrida.
El representante reclamó que las plataformas digitales asuman sus responsabilidades bajo dos principios: todo lo que es ilegal en la vida real debe serlo también en internet, y cualquier contenido patrocinado debe identificar su origen. Anunció que la Comisión ya ha impuesto multas a X, antes Twitter, y mantiene investigaciones abiertas con TikTok, Instagram y Facebook.
Los jóvenes, más europeístas que sus padres
Sergi Barrera, jefe de la oficina del Parlamento Europeo en Barcelona, aportó un dato que contradice el relato del desapego juvenil hacia Europa: según una encuesta reciente elaborada junto al Centre d'Estudis d'Opinió, el 65% de los jóvenes catalanes de entre 18 y 24 años se declaran europeístas, el grupo de edad con mayor apoyo a la Unión Europea, por encima de sus padres y abuelos. Barrera subrayó la importancia de crear espacios donde los jóvenes sean protagonistas, citando el programa de Escuelas Embajadoras del Parlamento Europeo, del que Sant Boi fue el primer municipio catalán en participar fuera de las capitales.
La alcaldesa de Sant Boi, Lluïsa Moret, defendió el papel de las administraciones locales como primera barrera contra la desinformación, pese a contar con menos recursos que otras instituciones. A su juicio, los ayuntamientos deben convertirse en fuentes fiables para sus vecinos, identificar precozmente los bulos y actuar con estrategia, sin limitarse a ser reactivos. "La desinformación debe incorporarse como política pública en las agendas locales, con recursos, estrategia e implementación directa desde la proximidad", afirmó.
El acto incluyó un espacio de micrófono abierto para preguntas y debate, y concluyó con un afterparty y networking en el bar de Cal Minyo un espacio donde el debate respetuoso sembró las bases para un diálogo constructivo entre diferentes generaciones.

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