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La selección Española de Fútbol, la que “atrae” a 10 millones de personas

Carmen P. Flores
Carmen P. Flores
Directora de Pressdigital

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Partido de España contra Japón en el Mundial @ep

 

Es significativo cómo este jueves casi 10.000.000 de personas estuvieron pegadas a la pantalla del televisor para ver el partido de fútbol que jugó la selección española contra Japón en el Mundial. La cuota de pantalla en TVE fue de un 56,6%, y un pico máximo de audiencia en el que fue visto por 15.501.000 espectadores. Es decir, el 33,9% de la población, que se dice muy pronto, estuvieron atentos durante un instante al encuentro que, si al principio parecía que estaba todo controlado, con un adversario casi adormecido al que marcaron un gol en la primera parte. En la segunda, los jugadores japoneses, como si se hubieran tomado un buen chute de sake, salieron al terreno de juego que parecían trotacaminos, dispuestos a darle la vuelta al partido. Y lo consiguieron ante el asombro de todos los aficionados españoles que estaban en el estadio y los millones que lo hacían desde sus casas, bares u otros lugares en el  que se habían reunido con amigos y conocidos para pasárselo en grande saboreando la victoria de la Roja, que no llegó.


Pero el fútbol es así, al final, son once jugadores contra otros once, más el árbitro que no siempre acierta. Esto se vio en el segundo gol que metió la escuadra japonesa cuando el balón había traspasado la línea del campo, como se ha podido ver en tantas repeticiones. Pero el hombre  del “pito” decidió que había sido gol y subió al marcador dejando a la selección de Luis Enrique fuera de la competición durante unos interminables minutos, hasta que Alemania echó una mano ganando a su contrincante y dejando que España pase a la siguiente ronda.


Amén de los jugadores y árbitro, también juegan y mucho los intereses que se mueven entre bambalinas, como se pueden imaginar.


Luís Enrique se equivocó y mucho sacando a algunos jugadores del campo y no fueron cambios inteligentes, pero ya es agua pasada, España se ha clasificado y ahora toca pensar en el próximo encuentro que le corresponde jugar con la crecida selección de Marruecos, que no será fácil.


Se ha comprobado una vez más que el fútbol, en cualquier país, independientemente de cual sea su régimen político, levanta pasiones, sin diferencia de sexos, edades y condiciones sociales. La ideología que imprime es la pasión, la alegría cuando se gana, el sufrimiento cuando se pierde. El fútbol es una válvula de escape, el desahogo de los problemas y una catarsis que hace olvidar buena parte de lo que ocurre durante unas cuantas horas. El árbitro suele ser el objeto principal de muchos aficionados y forofos que le dicen de todo cuando no están de acuerdo con algunas de sus decisiones. 


Llama la atención que el fútbol pueda hacer que la gente se movilice delante de un televisor para ver a 22 jugadores dándole patadas a un balón, esperando introducirlo en la portería contraria, mientras por otro lado, se ve poca gente saliendo a la calle para denunciar que la sanidad va mal, que se toman decisiones que no gustan a la ciudadanía y podríamos ir enumerando más cosas que todos conocen de sobra. Pero sí somos capaces de pasarnos dos horas pendientes de un partido de fútbol. Quizás es porque la gente necesita pasárselo bien, olvidarse de los políticos y pensar que, si gana la selección, vamos a ser más felices porque nos va a dar una superioridad sobre los demás. El fútbol es bueno para la gente que le gusta - muy numerosa- y también para los que gobiernan porque el pueblo está entretenido y no piensa en otras cosas. Decía Manuel Vázquez Montalbán que "el fútbol me interesa porque es una religión benévola que ha hecho muy poco daño".

 

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