El Mundial de Qatar, la FIFA, Blatter y 6.500 muertes

Carmen P. Flores
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Directora de Pressdigital

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Estadio del mundial de Qatar @ep


El fútbol hace ya tiempo que ha dejado de ser un deporte para convertirse en un espectáculo circense dentro y fuera de los estadios, que además reporta miles y miles de millones de euros a jugadores, club y entidades. Sus dirigentes máximos gozan de sueldos y privilegios que nada tienen que ver con los del común de los mortales, más bien todo lo contrario. Por eso, y por algunas cosas más, no quieren abandonar sus poltronas donde el poder los ha embriagado de tal manera que no hay forma de sacarlos. La “industria” del balompié es el gran negocio para unos cuantos espabilados, más de uno de ellos envueltos en casos de corrupción.


Cuando se ha cumplido un año para que se celebre el Mundial de Fútbol de Qatar 2022, el expresidente de la FIFA, Joseph Blatter, se destapa con unas declaraciones en las que afirmaba que “el Mundial del 2022 en Qatar es un error” y para justificarse, acusa a Nicolas Sarkozy de tener mucho que ver en el lugar elegido. Para ello no dudó en “convencer” a Michel Platini, que en aquel momento era el presidente de la UEFA. Declaró que "en decisiones tan importantes como la atribución de un Mundial es muy posible que el dinero circule y que alguien se lo meta en el bolsillo". Se justifica argumentando que quizás la investigación que se llevó a cabo en su día para descubrirlo, no fue lo suficientemente exacta.


El expresidente de la FIFA, que por cierto tuvo que dimitir en el 2015 por un escándalo de corrupción, tan solo cuatro días después de ser elegido presidente de la FIFA, ahora sale con estas declaraciones, ¿Será para tranquilizar a su conciencia? Como diría cualquier hijo de vecino: “¡A buenas horas, mangas verdes! “. Aunque tarde, ha reconocido el gran error de celebrar el mundial donde en el plano social y el climático genera dudas más que evidentes.


En el mundo del futbol, desde los distintos clubes, federaciones internacionales, jugadores, directivos y el mundo de la política, están muy callados, miran para otro lado y no hay ninguna selección que haya declinado participar en este mundial donde los derechos de los trabajadores -mano de obras barata, mejor dicho, de esclavitud- y los derechos de las mujeres brillan por su ausencia. Nadie debe olvidarse que en los años que se llevan realizando las infraestructuras que han de limpiar la imagen de este país, que se conozca, han muerto más de 6.500 personas que no han tenido las condiciones de seguridad en el trabajo que las instituciones futbolísticas deberían haber revisado. ¿Dónde está la FIFA ,UEFA? Solo son pobres de solemnidad, que solo se preocupan de ellos y sus familias, a las que para poder alimentar han hecho y siguen haciendo - los que siguen con vida- jornadas de 14 horas.


Los datos de los trabajadores fallecidos son aportados de algunos de los países de origen de las víctimas: Nepal, Sri Lanka India, Pakistán y Bangladesh. Pero hay otros países, entre ellos Filipinas o Kenia, que no facilitan datos. Lo que quiere decir que las cifras pueden ser superiores a los 65.000 fallecidos. El número total de personas que están trabajando en obras relacionadas con el Mundial son alrededor de 2 millones, y se habla, con los datos oficiales, que cada semana mueren 12 personas. Una cifra que debería levantar conciencias. El dinero tapa casi todo, pero en los llamados países civilizados y modernos, de tecnología punta, se ha perdido la dignidad y la vergüenza. Todo vale y el dinero entierra conciencias, mientras la ética se la ponen por montera.


Qatar 2022 es un mundial manchado de sangre de los más de 6.500 personas muertas de las que no se conoce ni su rostro, ni su nombre, porque son pobres. Mientras, se inclinan ante los jeques de chilabas blanquísimas, que sí tienen nombre y sobre todo dinero con el que comprar algo más que voluntades. ¿Alguien se puede tragar esto? Está claro que sí.


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