El pan y el circo del fútbol, le salió mal a la ANC

Carmen P. Flores
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Directora de Pressdigital

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Circodelsol


Han pasado muchos siglos desde que el poeta romano Juvenal criticaba en su Sátira X a los cesares romanos por su política de darles dos panes al día a su población y mucho circo para mantener a la mayoría distraída de los problemas de la política. El circo romano, el coliseo que aún sobrevive era el escenario elegido por los emperadores para engañar al “populacho”. El pan y el circo herramientas utilizadas para conseguir su fin.


Los tiempos han pasado, los combates entre gladiadores se han transformado -la sociedad dicen que ahora es más civilizada-en  estadios de fútbol, donde la multitud se cita para ver en un rectángulo como 22 hombres le dan a un balón con el pie para meterlo en una portería. Es el nuevo circo de los gobiernos, que los dictadores han utilizado en tantas ocasiones para distraer al pueblo cuando las cosas no andaban muy bien que digamos. Aún la gente de una cierta edad se acuerda de los partidos que TVE transmitía en directo, algunos miércoles, por orden de Franco, para distraer a los ciudadanos, tenerlos delante del televisor y apaciguar los ánimos de una buena parte de la ciudadanía que pedía libertades. 


En la actualidad, en menor medida, siguen con esa política de distracción. Con un añadido, los palcos de los estadios son utilizados por empresarios, directivos y políticos para hacer posibles negocios. Es el nuevo circo de los tiempos modernos. El pan, lo ponen las rivalidades entre clubes y aficiones.


El pan y el circo se ha impuesto por encima de todo, primero en el Imperio Romano, ahora en el fútbol y también en la política de la última ornada. En Catalunya, con todo el tema del independentismo, el circo está abierto todos los días hace ya unos cuantos años. El espectáculo es comprado por una parte de la ciudadanía, no por toda, como algunos intentan vender.


Los políticos de procés y las entidades que ejecutan sus ordenes están utilizando el fútbol- proceso inverso- para llevar a los estadios sus “reivindicaciones” entre las que figura la falta de libertad. Lo hacen precisamente cuando España hace ya cuarenta años dispone de gobiernos democráticos elegidos en las urnas por los ciudadanos, cada cuatro años. Esos ciudadanos que van a los estadios a montar el número, lo pueden hacer porque hay democracia. ¿Lo harían ahora si estuviera Franco?, seguro que no. Decir eso, es un insulto y una falta de respeto a todos los que han hecho posible la llegada de la democracia.


Este sábado se ha jugado la final de la Copa del Rey entre el Barça y el Sevilla. El ambiente se había ido caldeando durante unos cuantos días antes, no solo por las aficiones, sino por el movimiento independentista y su portavoz, la ANC que pedía llevar camisetas amarillas al estadio del Wanda.


Quería llevar el circo político a una competición deportiva televisada para conseguir una mayor repercusión. La jugada les salió mal, muy mal. Hay que decir que toda la afición barcelonista no está por la labor. Quieren espectáculo, sí, pero de fútbol. Lo tuvieron con  el resultado y el juego desarrollado por su equipo, después de ese aplastante 0 a 5.  Para los que iban por otros temas, los resultados fueron malos. Había una estrategia, pero la afición del Sevilla se la desmontó por completo, sin que se produjeran incidentes en las gradas entre ambas aficiones. Así debe ser. La rivalidad entre equipos es buena hasta para la salud mental -ayuda a desahogarse a la gente  en los estadios- , pero la política, no debe tener cabida en los rectángulos de juego. No hay que mezclar, como dicen los madrileños "los churros con las merinas".


Bastante circo hay ya en las instituciones deportivas, empezando por la UEFA y acabando por la Federación Española de Futbol para que se añada otro.


Por cierto es una pena que el verdadero circo, esté en plena etapa de supervivencia. Ya la gente no va con sus hijos a ver los payasos. ¿Será que ya tienen suficiente Circo con el que viven cada día?

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