Ada Colau está de los nervios con las encuestas

Carmen P. Flores
Carmen P. Flores
Directora de Pressdigital

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La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, en declaraciones a los periodistas.
La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, en declaraciones a los periodistas.

 

Cómo se nota la campaña electoral para las municipales ha comenzado ya. Lo hace a todo ritmo muy rápido en las grandes ciudades y en las otras poblaciones en las que los números no suman  para hacerse con la alcaldía. Hay varios ejemplos, pero quizás Barcelona, capital de Catalunya, una marca conocida en todo el mundo - desprestigiada en este mandato de Ada Colau- es donde tiene la mirada puesta mucha gente. Son las ganas del cambio, la vuelta a una ciudad cosmopolita, abierta, limpia, espejo de cultura, entre otras cosas.
 

Los candidatos que aspiran a gobernar la ciudad condal, tres de momento con posibilidades- y pactos con otras formaciones-, se han lanzado a la carrera utilizando todos los artilugios a su alcance para conseguirlo. Es como una guerra de guerrillas en las que ellos creen que está permitido todo: “el fin justifica los medios”, que se dice. Especialmente la Colau, que no hay día que esté callada: meteduras de pata, anuncios de nuevos proyectos y entrevistas en la que parece otra: no se corta, siempre quiere tener la última palabra y lo más grave: la razón, que es lo más preocupante,

 

La primera vez que se presentó, en las elecciones del 2015, su propuesta estrella era la de dotar a la ciudad de 8.000 viviendas sociales, de las cuales 4.000 serían de nueva construcción y otras 4.000 procedentes de pisos vacíos. La realidad es que terminó el mandato y la cifra había sido de 800 pisos de alquiler social, que ya estaban en marcha en el mandato de Xavier Trías.

Ada Colau llegó al ayuntamiento en el 2015 con ganas de cambiarlo todo, pensaba que con su “barita” mágica y su buena imagen como defensora de los desahuciados lo tenía todo hecho.  Su “revolución” se basaba en la vivienda social, terminar con los desahucios, frenar el turismo , y en la defensa de los colectivos vulnerables. Pocas de sus promesas las cumplió. Eso sí, abrió varios frentes con distintos sectores que en muchos casos aún no ha cerrado. Pese a ello, Colau volvió a presentarse casi con el mismo programa al que añadió: una funeraria municipal - ya guardada en el cajón-, una compañía eléctrica propia que a día de hoy sigue siendo deficitaria, el Plan de Barrios, consultas ciudadanas, revisión catastral, reorganización de la Guardia Urbana, amén de otros proyectos de rehabilitación como el del Teatro Arnau. La todavía alcaldesa quiere dar la imagen de buena gestora y cumplidora de sus promesas, pero la realidad es bien distinta. Su personalismo creciente ha hecho que muchas de las personas que la acompañaban en el primer mandato hayan marchado de su lado. Más de una la criticó en privado. En estos momentos solo tiene dos personas de confianza : su marido que mueve los hilos detrás del escenario y el concejal Eloi Badía, generador de conflictos y ecologista a la carta que últimamente es más amigo de Colau.

 

Con los nervios a flor de piel, Colau está desenfrenada por la posible candidatura de Xavier Trías, que, junto a Ernest Maragall, los dos con experiencia, le puede restar votos. Hay que añadir a Jaume Collboni, que ahora está marcando perfil propio - ya lo podía haber hecho antes- y el resto de partidos que pueden conseguir representación, sin opción a entrar en el gobierno.

 

Una campaña nada fácil más bien a prueba de infarto. Las encuestas que manejan los partidos, no las han hecho públicas, les ponen de los nervios. Como esto va para largo, se escribirán más capítulos en todos estos meses que faltan hasta mayo, donde los candidatos están que trinan y Colau, de los nervios con las encuestas.
 

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