¿Pueden las ciudades frenar los discursos de odio?
“Hace falta discurso, pero también datos y hechos”, afirman los expertos.
Las ciudades pueden convertirse en uno de los principales espacios de resistencia frente al aumento de los discursos de odio, la desinformación y la polarización social. Esta fue una de las principales conclusiones del debate “¿Pueden las ciudades frenar los discursos de odio?”, organizado por el Grupo de Trabajo de Periodismo Solidario del Col·legi de Periodistes de Catalunya.
El encuentro reunió a expertos del ámbito académico, la investigación y el activismo para reflexionar sobre el papel de los municipios en la construcción de sociedades más cohesionadas. El catedrático emérito Joan Subirats defendió la importancia de los equipamientos públicos de proximidad, como bibliotecas o centros cívicos, como herramientas para reforzar la convivencia y evitar la fragmentación social. Según destacó, las ciudades tienen capacidad para generar comunidad y reducir las dinámicas de separación que favorecen la expansión de mensajes excluyentes.
Los ayuntamientos necesitan nuevos recursos para afrontar estos nuevos retos sociales
Durante el debate también se puso sobre la mesa la falta de recursos de los ayuntamientos para afrontar estos retos. Subirats recordó que los municipios gestionan una parte muy reducida de los recursos públicos en comparación con otros países europeos, pese a ser la administración más cercana a la ciudadanía.
La investigadora del CIDOB Marta Galcerán señaló que muchas ciudades se han convertido en actores relevantes frente a discursos extremistas y políticas regresivas. Citó ejemplos de municipios de Estados Unidos que han impulsado iniciativas comunes para defender políticas medioambientales o de apoyo a la inmigración frente a decisiones impulsadas durante la etapa de Donald Trump. “Hace falta discurso, pero también datos y hechos”, afirmó.
El activista y docente Adam Lang advirtió que combatir los discursos de odio requiere liderazgo político, implicación institucional y también responsabilidad de los medios de comunicación. Según defendió, no basta con desmentir mensajes falsos, sino que es necesario construir relatos alternativos basados en la convivencia y la igualdad.

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