La Semana Santa se ha terminado. La gente vuelve de nuevo a sus quehaceres diarios, con la esperanza de que los 365 días que quedan para la siguiente pasen lo más rápidamente posible. La ilusión es uno de los alicientes de la vida, no son tantos como les gustaría a todos.
Dicen que en esta carrera que se inicia cuando las personas nacen y concluye, no sin obstáculos, cuando se llega a la meta de la que nunca volverán a salir, es bueno plantearse la vida de otra manera, porque aunque se piense lo contrario la gente no vive eternamente.
Ese es el gran error de la inmensa mayoría, aunque están los del lado opuesto, los que están siempre pensando en que se van a morir muy pronto, y no disfrutan de los las cosas buenas que también las hay en esta vida que es la que se conoce. De la otra nadie ha vuelto para explicar como es, y si realmente existe.
Con este panorama presente, los días de reflexión, recogimiento ¿seguro? y de vacaciones, el pasado día 14, Miércoles Santo, que marca el fin de la Cuaresma y el inicio de la Pascua, - dicen que es cuando Judas entrega a Jesús a los guardias romanos a cambio de 30 monedas de plata- el estadio del F.C.Barcelona y por ende la ciudad de Barcelona se vestía de Blanco, no precisamente nuclear, ni madrileño, sino alemán y escandaloso.
Miles de seguidores del equipo de futbol Eintracht Frankfurt hacían de las suyas por el centro de la ciudad condal y buena parte de la Diagonal para rematar su jugada en el interior del estadio donde los seguidores blancos, la mayoría, carecían de educación, respeto y el civismo se lo habían dejado en los bares y terrazas donde se habían bebido toda la cerveza, wiski y otras bebidas alcohólicas del mundo. La jugada fue rematada por el resultado, dejando fuera de la competición europea a los azulgranas.
Fue una noche redonda para ellos y una pésima para los socios y simpatizantes que fueron doblemente humillados. Alguien hizo el gran negocio vendiendo 35.000 entradas para que aplaudieran al equipo contrario. Una estrategia digna de unos lumbreras.
El lunes de Pascual, conocido popularmente como el Día de la Mona, “salta” la noticia del espionaje a líderes independentistas a través del programa Pegasus, invento de una empresa israelita que suele utilizar más de un gobierno.
El suceso ha sido denominado “catalan gate’ y ha revolucionado el panorama catalán, español y algunos creen que el europeo y mundial. Se pide explicaciones al gobierno opresor y “mafioso” como algún colega bien pagado lo define. Se ha armado la marimorena y este hecho ha vuelto a “unir” al independentismo, de momento. Rueda de prensa en Bruselas con la presencia de Puigdemont, Junqueras, representantes de la ANC, Ómnium para denunciar el espionaje y declarar que presentarán querellas en cinco países.
Mientras, el presidente del Govern, Pere Aragonés, comparecía este martes ante los medios para anunciar que las relaciones con el gobierno de España se ven afectadas por el presunto espionaje y ha pedido una investigación para aclarar las responsabilidades.
Vamos, que ya se ha vuelto a liar y este acontecimiento ha venido para unir al independentismo. Ya tenemos de nuevo el follón liado. ¡Adiós tranquilidad!, ¡Adiós recuperación económica!, ¡Adiós cohesión! ¿Volvemos a las andadas? La pregunta que nos debemos hacer es: ¿Quién sale beneficiado de este t "espionaje"? Si piensan un poco, deducirán de quien o quienes ha salido la filtración, que no es de ahora.
“No permitiré injusticias ni juego sucio, pero, si se pilla a alguien practicando la corrupción sin que yo reciba una comisión, lo pondremos contra la pared... ¡Y daremos la orden de disparar!", eso decía Groucho Marx.
Así que termina la Semana Santa y parece que nada ha cambiado, o mejor dicho, todo vuelve de nuevo a la anormalidad. Y algunos piensan que van a seguir viviendo toda la vida…

Escribe tu comentario