La Autónoma de Barcelona se ha vuelto intolerante

Carmen P. Flores
Carmen P. Flores
Directora de Pressdigital

Directora de PressDigital

La intolerancia es la hermana gemela de la violencia. Están unidas y rara vez se desvinculan, para desgracia de los que sufren sus iras. El dueto se deja ver en cualquier lugar, sin importarles a quienes representen. ¿Hay límites? Para ellos no, y lo preocupante es que cada vez van acaparando más terreno, sin que las instituciones - algunas les dan cobijo- hagan bien poco.


Que la Universidad sea un lugar donde los estudiantes ávidos de cambiar el mundo llegan a realizar proclamas, huelgas y manifestaciones, se considera normal, y, además, no hay que olvidar que todos los que hemos pasado por sus aulas hemos hecho alguna de estas cosas. La universidad es la principal institución de gestión del conocimiento de la tolerancia y la consideración hacia las personas que tienen otras convicciones diferentes a ellos. Por ello, siempre - hasta hace poco tiempo- se había trabajado estos valores y el respeto hacia las personas que no piensan igual: tolerancia y respeto hacia quien es no piensan de la misma maneras. Es un derecho constitucional.


Miembros de la organización estudiantil 'S'ha acabat!' exhiben carteles frente a una concentración ante su carpa informativa en el campus de la UAB en Bellaterra (Barcelona)

Enfrentamientos en la UAB @ep


Decía el psicólogo, periodista y padre de la inteligencia emocional, Daniel Goleman, que “la facilidad con que una sociedad desprecia, y hasta sepulta, las visiones discrepantes dependen evidentemente del conjunto de lagunas compartidas por sus ciudadanos. No nos damos cuenta de lo que nos desagrada ver y tampoco nos damos cuenta de que no nos damos cuenta”.


Hace pocos días, la Universidad Autónoma de Barcelona volvía a ser escenario de la intolerancia y la violencia protagonizada, una vez más, por los estudiantes independentistas que, creyéndose los dueños de la misma, destrozaron el punto de información que la organización constitucionalista ‘S´ha Acabat’ había instalado en la mal llamada plaza Cívica en el Campus. Han destrozado todo y lo han hecho con total impunidad, y con el rector mirando para otro lado. Los angelitos y demócratas han dicho después de su acto “de tolerancia” que lo han hecho porque consideran que en la UAB "no tiene cabida el fascismo”. Para estos demócratas, todos los que no piensan y actúan como ellos, son fascistas. Esta postura me recuerda a la famosa frase “la calle es mía”, que dijo en sus días Manuel Fraga, ministro del Interior.


Los partidos políticos Vox, Cs, PP y PSC, es decir, los partidos constitucionalistas han condenado la actuación de los “demócratas”, mientras que los Comunes de Colau, en su ambigüedad habitual, han mirado para otro lado.


Lo sucedido en el Campus de Bellaterra, no es un hecho aislado de intolerancia de determinados estudiantes, ha ocurrido más veces y en otras universidades catalanas-españolas también - pero menos -. Es el fruto del posicionamiento político de sus rectores, escorados hacia el independentismo. Una posición impropia de un docente que debe enseñar a sus alumnos en la tolerancia y la aceptación de los otros que no piensan como ellos. Un rector no debe ser partidista, sino enseñar y no pronunciarse políticamente. Los alumnos han de saber elegir entre las opciones políticas que más se ajusten a su manera de pensar. El máximo representante de una institución no puede enseñar en la intolerancia, eso no debe tener cabida en la institución. Si quieren hacer política sectaria, que se dediquen a la política, la enseñanza en otra cosa bien distinta. “Quien no se acomoda a las maneras del resto de los hombres, de ordinario sufre la pena de su soberbia“, decía el romano Gayo Julio Fedro, fabulista de animales.


COMENTAR

Pressdigital
redaccio@vilapress.cat
Powered by Bigpress
RESERVADOS TODOS LOS DERECHOS. EDITADO POR COIGES GLOBAL BUSINESS SIGLO XXI SL
Mapa Web Aviso legal Cookies Consejo editorial
AMIC CLABE