​El padre Celestino, el cura que se enfrentó a la poderosa Roca

Carmen P. Flores
Carmen P. Flores
Directora de Pressdigital

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Quién lo diría, 92 años y aun seguía -y seguirá, estoy segura- al pie del cañón. El padre Celestino, así se le sigue llamando, al ya exrector de la parroquia de Santa Maria de Sales, más conocida como la iglesia del tobogán, se ha jubilado oficialmente. Estoy segura que eso no va a ser. Una persona como él, nunca deja desatendida a su comunidad. Aunque los tiempos han cambiado, y las nuevas generaciones pasan de la religión -no todos- los que hemos ido a misa durante nuestra infancia - adolescencia, y hemos tenido la suerte de tener al padre Celestino como párroco de zona, hemos podido comprobar que una parte de la iglesia, no tienen nada que ver con la otra de opulencia y servilismo a la dictadura. El padre Celestino es el prototipo del cura de los trabajadores necesitados, pero no era excluyente. Los domingos decía misa también en la pequeña iglesia del Barrio de Albarrosa.



Padre celestino




El poblado Roca, su barrio, pero también la fábrica que da nombre a esa zona, no puede desligarse del cura que, de aspecto afable, hablar tranquilo, sonrisa noble fue protagonista de dos huelgas históricas de los trabajadores de la compañía Roca Radiadores, - era como se llamaba entonces – en los años 1971 y 1976. Dos huelgas en las que los trabajadores se enfrentaron a la dirección de la empresa para reivindicar sus derechos. En la primera, el padre Celestino les dió su apoyo, incluso, en la hoja parroquial reivindicaba el derecho a huelga. En la segunda, las más dura, la Guardia Civil tuvo rodea la iglesia durante un mes. Él nunca se rindió y siempre, pese a las amenazas veladas, que recibía, continuó apoyando a los trabajadores y pago su precio por ello.


Es persona de profundas creencias y valores  que siempre intentaban, en aquellos años,  trasmitirnos a todos aquellos que acudíamos a misa, o hablabam con él por la calle sus valores. El padre Celestino siempre ha sido una persona accesible , dispuesta a ayudar a los demás y que ha socorrido a miles de personas en todos estos años de apostolado. Muchas de ellas inmigrantes que llegaron a Viladecans desde otras partes de España sin recursos y que acudieron a él para que les echara una mano. ¡Cuántos trabajados encontró este buen cura para esas personas y sus familias!.


Lo recordamos también en el Hospital, donde vivía cuidado por las monjas que prestaban sus servicios, cuando la población era mucho menor de la que es hoy. 


Al inicio de la pandemia, me he encontrado en varias ocasiones al padre Celestino haciendo la compra en el supermercado. Hemos hablado de la salud y la familia. Cuando me ofrecí para llevarle la compra, me pareció que no podía, lo ví cansado y me dijo “vivo aquí cerca, en un piso y esto me sirve para caminar un poco”.  Lo he vuelto a ver en más ocasiones, nos hemos saludado y me he dado cuenta que los años no pasan en valde, que el cura de la Roca, o de la iglesia del tobogán tiene 92 años, que son muchos, pero que sigue teniendo el mismo carisma, humanidad y gesto de buena persona.


Celestino Bravo, el padre Celestino, ha sido una persona muy importante en una época  complicada de la vida de Viladecans, donde poco se le ha reconocido su trabajo, su bondad y su ayuda a los trabajadores y a toda la comunidad. Fue un cura adelantado a su época. Personas como él hacen que la gente crea que hay otra iglesia más cercana a todos 

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