El vaso de agua derramado

Manuel Fernando González Iglesias
Manuel Fernando González Iglesias

Se reunieron en la Moncloa. Estaban todos, menos Pablo Iglesias que se borró de la misma por una imaginaria amigdalitis, de la que se ha recuperado al día siguiente con aspecto fresco y sonriente, como el de un niño que acaba de cometer una travesura, y sabe que nadie le va a reñir. A la delegación catalana la recibieron como a la comitiva presidencial de un país de nuestro entorno con poder y presencia en la escena internacional. El valido Redondo montó una escenificación de película y no resolvieron nada, como era de esperar. La portavoz Montero ya nos ha dicho, con todo el morro hacia adelante que todo va para largo y muy despacio. Joder, ¡qué lince!.


Vasodeagua




Cuando hemos vuelto a la cruda realidad del día a día, el techo de gasto se ha aprobado en el Congreso y ese fue el botín que recogió el PSOE como pago a tanta delicadeza y esfuerzos políticos y protocolarios. Para la oposición, liderada por el PP, Vox y Ciudadanos ha sido una jornada de indignación y viaje al pasado en busca de la hoja de ruta de la crispación y la vía judicial.


Dentro de la sal, dos interlocutores con ganas de prórroga del procés uno y de salvar los presupuestos del Reino el otro, mirándose con desconfianza a los ojos en busca de rememorar  la mecánica del viejo conflicto norirlandés resuelto históricamente por el llamado Acuerdo de Viernes Santo también llamado Acuerdo de Belfast, que, como media Europa sabe, fue firmado en Belfast, Irlanda del Norte, el Viernes Santo de 1998 (10 de abril) por los gobiernos británico e irlandés tras duras negociaciones con relatores incluidos, esa figura que los independentistas catalanes han puesto otra vez de moda.


Fue el último y gran homenaje a un President Torra que sabe que las elecciones tocan en Octubre y ahí se acaba su papel y a una Esquerra Republicana que se anda con tiento para que no le roben la victoria en esos comicios pero que tiene que comenzar ya a soltar lastre con pactos de Estado si quiere llegar a alguna parte. Para Sánchez  el inquilino de la Moncloa, todo es fingimiento y para la pobre España un trago muy amargo para su orgullo y/o dignidad nacional.



La Delegación catalana sabía que éste era el día de Quim Torra, hasta el Vicepresidente Aragonés hizo bien su papel, aunque lo doliera en el alma tener que representarlo. Nadie se descompuso, hasta que se sentaron ambas partes y comenzó a explicarse el President. Entonces, en el fervor de los diálogos, tan opuestos pero esperados, Elsa Artadi una de las testaferros de Puigdemont en la reunión, la menos importante, dió la nota poniendo nervioso a un Torra que, siendo el gran mayordomo del ex President no entendía como la hija intelectual de Mas-Colell le pretendía robar el sitio, cuando nadie desde Waterloo le había avisado de semejante interpretación. Al final, se derramó el vaso que tenía el político de Blanes al lado y en ese momento todos entendieron quedaba escrito el epitafio de la famosa mesa del diálogo “durará hasta que el fugado de Girona le interese”.Conclusión de que la política es demasiado seria para dejarla en manos de los políticos”.


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