Unanimidad y democracia (2)

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Da la impresión de que algunos partidos políticos se han convertido en búnkeres donde la fidelidad y el asentimiento a todo son las condiciones imprescindibles para entrar en unas listas electorales - en puestos con opción de plaza- o un puesto de trabajo. ¿Dónde está entonces la democracia interna? . Deben estar en los sueños de los que aspiran a que esto no suceda. Todo es teoría, la práctica es otra bien distinta. ¿Solo es el PSC quién tiene amarrado el clientelismo? da la impresión de que no. ¿Es malo para la democracia?, se diría que malísimo, se la carga y viene a confirmar la frase más pronunciada por la gente es que “todos los políticos son iguales”.


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Hablando de la gran familia socialista de Viladecans, sin voces discrepantes en sus asambleas- porque se las han cargado- han llegado a un grado tal de unanimidad en todo como se puede comprobar en la última asamblea extraordinaria para aprobar la lista electoral de las elecciones autonómicas del 14 F, que fué aprobada por unanimidad. Ni una abstención, ni un voto en contra. Es la unanimidad de un partido que se dice “socialista” solo en su nombre en esta plaza local.


Si se detienen a mirar las imágenes de los participantes en la asamblea que fue telemática, el 99% de ellos son regidores, trabajadores del ayuntamiento, algún extrabajador, algún exregidor que tiene colocados a algún pariente en el ayuntamiento y algunos miembros de una saga muy conocida y un imputado que sigue apareciendo en todo, ¿por qué será?. Como se puede comprobar, todo queda en familia y ellos se lo guisan y se lo comen.


Con este panorama de partidos clientelistas, no es de extrañar que la ciudadanía opte por no acudir a votar por las actuaciones de los políticos que critican a los contrarios por sus acciones, pero se olvidan de lo que hacen ellos.


En cualquier empresa, sus trabajadores están a prueba durante un período de tiempo concreto. Deben acreditar que están capacitados para realizar sus tareas. En política, no hay ni periodo de prueba, ni evaluación de su gestión, por lo que, cualquiera puede ser político, aunque no sepa hacer la "o" con un canuto. Por ello, los que consiguen hacerse con un puesto electo defienden con uñas y dientes su puesto, que suele estar muy bien pagado y se va tejiendo una red clientelar , aquí y allá, que es la llamada guardia pretoria del “jefe” . El que manda, tiene poder y capacidad de premiar a los leales nómina a nómina con el dinero de todos directo o indirecto. Porque como se dice en estos lares " qui paga mana". 


Los partidos que se dicen democráticos dejan de serlo para transformarse en oligarquías. Se preguntaba el sociólogo alemán Robert Michels, “¿qué es en realidad el moderno partido político?”, a lo que respondía: “Es la organización metódica de masas electorales”. Es decir, los partidos son máquinas electorales creadas con el fin de ganar elecciones y para ganarlas, necesitan sacrificar su democracia interna.


Ya a principios del siglo XX, Michels formuló la llamada “Ley de hierro de la oligarquía “, para explicar la contradicción que hay en los partidos, porque las formaciones son las principales instituciones de la democracia, y paradójicamente no son organizaciones democráticas.


Un siglo después, esta ley sigue tan vigente como entonces a la hora de describir su funcionamiento y organización. ¿Es posible que no se haya aprendido nada?. Pues el hombre sigue siendo el animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Al final, la unanimidad de tanta ejecutarla se convierte en antidemocrática y carente de ética.

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