¿Vuelven las dos Españas?

Manuel Fernando González Iglesias
Manuel Fernando González Iglesias

Miren, en la política las cosas no pasan nunca por casualidad, palabra de periodista de la Transición. Cuando dos cosas coinciden, y sucede en dos partidos que solo tienen en común la Constitución --publicada en el número 311 del BOE de 29 de diciembre de 1978--, quiere decir que pasa algo muy preocupante.


Les cuento: esta semana, Vds. seguramente hayan podido leer en la mayoría de los digitales que el presidente Aznar ha guiado la mano de Pablo Casado en el PP para cargarse al Sr. Alonso, un político moderado pero competente al frente de la candidatura popular en Euskadi. De paso, le ha animado afectuosamente a dejar de presidir a sus compañeros de partido en dicha comunidad. Éxito total, con la extraordinaria intervención del "general secretario" Egea, porque así habría que llamarle a partir de ahora igual que a su histórico antecesor Paco Cascos. Egea acumula ya varias hazañas de similar talante que le hace parecerse al asturiano como dos gotas de agua, provocando una escandalera mediática de aquí no te menees. Comienza el espectáculo, baja el telón y finaliza el primer acto.


Alfonso Alonso Amaya Fernández


Sube el telón y aparece en escena un segundo expresidente con carisma socialista, no un chisgarabís bolivariano, metido oficialmente a mediador entre el criminal Maduro y el pueblo venezolano --el tiempo nos dirá a qué más y por cuánto, como su amigo el exembajador Raúl Morodo, al que la Audiencia Nacional y los suizos ya acusan por sus cobros opacos y escandalosos.


Me estos refiriendo al expresidente Felipe González, quien este mismo lunes (¡ojo a las coincidencias en el calendario!) soltaba en la Asamblea Valenciana de Empresarios una contundente diatriba contra el Gobierno Sánchez en la persona del Vicepresidente Iglesias, otro bolivariano excelso de un partido que algún día también podrá explicarnos a los españoles, incluidos a los catalanes, a que se deben sus relaciones con aquel país y qué beneficio económico obtiene o ha obtenido de esas relaciones.


Pero volvamos a las palabras de Felipe González de esta misma semana: "Que me expliquen qué hace el Ministro que ostenta la cartera de Derechos sociales y Agenda 2030 en la única Comisión Delegada que no se ocupa de eso y que es la del Servicio de Inteligencia", respondía González a la decisión de Sánchez de forzar una modificación de la Ley Reguladora del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) para permitir precisamente la entrada de Iglesias en la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos de Inteligencia, es decir, el órgano que controla todos y cada uno de los llamados secretos de Estado.


"Me cuesta trabajo ver qué relación hay entre la Agenda 2030 [para el desarrollo sostenible] y el CNI", ha insistido el político socialista, que no ha ahorrado en ironías. "¡El servicio de inteligencia tiene mucho que ver con la política social! Quiero que me lo expliquen". Como es fácil de interpretar la sorpresa y las palabras de Felipe González vienen a resumir el malestar con que se ha acogido la última decisión de Sánchez en los círculos de seguridad del Estado.


Y esa puntada sin hilo del sociata, muy relacionado como Aznar con los centros de poder occidentales, responden a la inquietud que ha producido en Estados Unidos, Francia o Inglaterra --por poner tres ejemplos de potencias occidentales con los que ambos expresidentes tienen contactos privilegiados--, el hecho de puro sentido común que los secretos de su Estado puedan ir a parar a manos castristas, rusas, bolivarianas... o del PNV.


Hay una pregunta muy sencilla para explicarlo. ¿Vds. creen que en esos países que les cito cuando cambia el Gobierno, el nuevo presidente de USA, el Premier británico o el Presidente de la República entrega a un socio de coalición que acaba de conocer y que no tiene ningún crédito internacional, salvo en regímenes populistas antioccidentales, los secretos mejor guardados de los tratados de bases militares o de la mismísima OTAN? ¿Puede garantizar Sánchez que esos secretos no correrían la suerte del caso Assange, que vendió todo el servicio de espionaje norteamericano a los rusos? ¿Garantiza el Señor Sánchez que todos los secretos de la guerra contra ETA que tanto costó ganar a los servicios policiales españoles, con 854 asesinatos de policías y políticos del PP y del PSOE, no llegarían ahora al PNV y de allí a Bildu como por arte de magia?


¿Entienden Vds. lo del cabreo de Felipe y Aznar y sus primeras consecuencias políticas? Pues sigan atentos a la continuidad de los siguientes actos que van a representarse, porque lo que vamos a ver, con dos elecciones autonómico-nacionales, ambas por sus estatutos pueden sentirse ideológicamente iguales, merece la pena seguirlo, porque todos nos estamos jugando el nuevo diseño del  reconocido como Reino de España, y aquí alguien ya ha encendido todas las luces de alarma dentro y fuera porque... ¿vuelven las dos Españas? ¡¡Terrible!!

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