El AMB apuesta por edificios "esponja" que se enfrían solos en la lucha por el cambio climático
Cornellà de Llobregat y Viladecans serán los municipios donde se testeará el proyecto europeo TopSec que buscará introducir las cubiertas verdes sin riego para transformar la forma de adaptar las ciudades al clima mediterráneo
El futuro de las ciudades se construye desde el hoy. Uno de los grandes retos de las metropolis es saber cómo responder ante el cambio climático, las estrategias que se diseñan para gestionar los recursos disponibles y cómo aprovechar estos para mejorar el impacto en el entorno urbano. Bajo esta premisa, el Área Metropolitana de Barcelona (AMB) ha iniciado un proyecto piloto que pretende impulsar lo que sus responsables definen como un “cambio de paradigma” en la gestión urbana, basado en soluciones naturales, económicas y eficientes. Así lo ha presentado Cati Montserrat, jefa de sección de Ingeniería Verde y Biodiversidad Espacio Público de la AMB; Jordi Bardolet, técnico en el Espacio Público de la AMB y Julià Coma, profesor agredado a Serra Húnter de la Universidad de Lleida.
El proyecto, denominado TopSec, experimenta con cubiertas naturalizadas sin sistemas de riego, capaces de aprovechar al máximo el agua de lluvia y de incorporar materiales procedentes de residuos orgánicos reciclados. La iniciativa cuenta con un presupuesto total de 4,6 millones de euros, de los cuales 3,68 millones proceden del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER).
La fase experimental clave se llevará a cabo durante los próximos dos años, cuando se desarrollará la evaluación para ver qué combinaciones de vegetación, sustratos y sistemas de almacenamiento de agua funcionan mejor en condiciones reales del clima mediterráneo.
Edificios capaces de captar agua, reducir temperatura, aumentar biodiversidad y reutilizar recursos
El planteamiento del proyecto responde a un reto cada vez más evidente: las ciudades mediterráneas afrontan episodios más frecuentes de sequías prolongadas, olas de calor e inundaciones por lluvias torrenciales provocados por el cambio climático.
En este contexto, la AMB plantea un enfoque con una evolución del modelo urbano tradicional hacia uno más resiliente que apuesta por soluciones basadas en el aprovechamiento de los recursos naturales. Según responsables técnicos del proyecto, el objetivo es transformar los edificios en infraestructuras capaces de captar agua, reducir temperatura, aumentar biodiversidad y reutilizar recursos, en lugar de ser únicamente superficies construidas.
Cubiertas verdes adaptadas al clima mediterráneo
Las denominadas cubiertas naturalizadas, en su significado más estricto compartido por el AMB, "son espacios con vegetación instalados en la parte superior de los edificios". Aunque este tipo de soluciones ya se ha aplicado en muchas ciudades, el proyecto TopSec introduce una diferencia clave: el diseño está pensado para funcionar con un mantenimiento mínimo y prácticamente sin riego.
Mientras que muchas cubiertas verdes convencionales dependen de sistemas de riego permanentes, el nuevo modelo apuesta por plantas adaptadas al clima mediterráneo, resistentes a la sequía y al estrés térmico. Además, el diseño constructivo prioriza la retención de agua de lluvia en el sustrato, lo que permite mantener la vegetación incluso en periodos secos.
Este sistema defiende que no solo reduce el consumo de agua, sino que también mejora el aislamiento térmico de los edificios, disminuyendo la necesidad de climatización.
Convertir residuos orgánicos en materiales urbanos
Uno de los aspectos más innovadores del proyecto es la incorporación de biocarbón (biochar) en el sustrato de las cubiertas. Este material se obtiene mediante la transformación de residuos orgánicos procedentes del contenedor marrón de recogida selectiva. El biocarbón tiene una elevada capacidad para retener agua y nutrientes, lo que mejora el rendimiento de la vegetación y reduce la necesidad de recursos externos, como es el agua.
Con esta estrategia, la AMB busca impulsar un modelo de economía circular, en el que los residuos urbanos se transforman en recursos útiles para mejorar la infraestructura verde de las ciudades. El uso de materiales de kilómetro cero también permite reducir la huella de carbono asociada a la construcción de estos sistemas.
Un laboratorio urbano en las azoteas
Para comprobar la viabilidad del modelo, se ha optado por más de una decena de opciones, instalando parcelas experimentales de 1,8 x 1,8 metros en la cubierta del edificio de oficinas del Consorcio de la Zona Franca. Estas infraestructuras funcionan como 'agentes de testeo' y laboratorios al aire libre donde se están probando 12 configuraciones diferentes de vegetación, sustratos y sistemas de almacenamiento de agua.
Los investigadores monitorizan parámetros como temperatura y humedad para analizar cómo responde cada solución en condiciones reales. Además, las cubiertas funcionan como lisímetros, sistemas que permiten medir cuánta agua captan, retienen o liberan.
La fase experimental incluirá la evaluación de 20 especies vegetales seleccionadas por expertos, elegidas por su resistencia a la sequía y su adaptación a sustratos de poco espesor.
Los primeros datos preliminares podrían estar disponibles en los próximos meses "dos o tres meses", ha anunciado Coma, aunque considera necesario analizar un ciclo completo de un año natural para observar el comportamiento de las plantas en todas las estaciones.
De experimento a modelo urbano replicable
Si los resultados son positivos, el proyecto prevé instalar cuatro cubiertas naturalizadas reales en distintos edificios del área metropolitana:
- El CEIP Alexandre Galí de Cornellà de Llobregat
- Una promoción de vivienda pública del IMPSOL en Viladecans
- Un edificio de oficinas de Barcelona Regional en la Zona Franca
- La planta de tratamiento de residuos Ecoparc 3 en Sant Adrià de Besòs
El objetivo es demostrar que el sistema puede adaptarse a diferentes tipos de edificios, desde equipamientos públicos hasta viviendas o instalaciones industriales.
Beneficios ambientales y económicos
La estrategia de naturalizar cubiertas urbanas busca generar impactos positivos en varios ámbitos.
En el plano ambiental, estas soluciones pueden:
- Reducir el efecto isla de calor en las ciudades
- Aumentar la biodiversidad urbana
- Mejorar la gestión del agua de lluvia
- Disminuir la huella de carbono en construcción
Pero no únicamente presentan un impacto positivo en el medioambiente, sino que también presentan ventajas económicas.
La vegetación en cubiertas mejora el aislamiento térmico de los edificios, lo que reduce el consumo energético en climatización. Además, al aprovechar el agua de lluvia y materiales reciclados, se reduce el coste de mantenimiento de estas infraestructuras.
Otro aspecto relevante es su potencial para mitigar los impactos económicos de eventos climáticos extremos. Sistemas capaces de retener agua pueden ayudar a reducir inundaciones, mientras que una mayor presencia de vegetación disminuye el deterioro ambiental de los espacios urbanos.
Una nueva forma de pensar la ciudad
Para los responsables del proyecto, el concepto de “cambio de paradigma” implica dejar atrás un modelo urbano que consume recursos de forma intensiva para avanzar hacia otro que los reutiliza, los retiene y los integra en el funcionamiento de la ciudad.
En lugar de considerar el agua de lluvia como un problema que debe evacuarse rápidamente o los residuos orgánicos como un desecho, el nuevo enfoque propone convertirlos en recursos estratégicos para mejorar la resiliencia urbana.

Escribe tu comentario