Hoy, el purgante elegido por Puigdemont ha sido muy similar al que se tomaban nuestros abuelos, que costaba entonces 30 céntimos de peseta -¡una verdadera fortuna!- y que tenía unos efectos laxantes casi inmediatos.
Se dice que la ex Convergencia no aguantará el envite del Estado y que varios de sus dirigentes harán algo inaudito en la política catalana: dimitir.
