​García Lorca y el amor de mamá

Miquel Escudero
Miquel Escudero

Garcia lorca


¿Quién lee hoy a Federico García Lorca? Muchos lo conocéis porque, nacido en 1898, fue asesinado con saña en 1936 (en estos días hace 82 años) y eso le dio fama póstuma. Recordemos algunos de sus escritos juveniles, cuando quería hacer versos que no fueran versos:


“Una angustia tremenda que no puedo expresar/ me ahoga el equilibrio sereno del rimar,/ una angustia tremenda de atormentado duelo,/ una amargura inmensa tan grande como el mar./ Que no sé lo que digo, que no sé lo que siento/ o si sé lo que siento no lo puedo expresar./ Que yo sólo anhelo ser alma,/ ser crepúsculo, aurora, ser flor,/ ser muy bueno, muy niño, muy pobre,/ ser mañana, ser miel, ser amor”. Fijaos en esto: ‘O si sé lo que siento no lo puedo expresar’.


El joven Lorca se pregunta por aquellos que en el nombre del Dios que adoran se clavan puñales en el corazón. Rezan sólo por la posibilidad de asegurarse la vida eterna, “no por amor sino por miedo… Y huyen de sus propios pensamientos para esclavizarse a lo ajenos…”. En una oración al Señor le dirá: “Apiádate de ti mismo al ver cómo te sienten. Apiádate de todo lo que muere sin saber por qué muere. ¡Úngenos de tu gracia divina! ¡Báñanos de tu claridad! Danos siquiera la conciencia de la fortaleza espiritual”.


A una angustia tremenda que no puede expresar, le sigue la petición de gracia y claridad al Creador; el escándalo de los creyentes perversos y con escrúpulos interesados. Venga ahora nuestra España, el país del que tanto amaba lo mejor pero al que se podía dirigir así: “¡Ay, desdichada España! País de negruras, de fuego y horror. Apoteosis de la imbecilidad dirigida por curas lujuriosos, toreros, chulos, prostitutas sin alma, ladrones de frac e ignorantes de fe. (…) ¡Ay, desierto en donde mueren las ideas grandes!”. Siempre en busca de los verdaderos papás:


“Lo que nos envía a matar hombres contra la razón no puede ser madre. Hay que ser hijos de la verdadera patria. La patria del amor y de la igualdad…”. Y acabemos: “¿Para qué sirvieron las lágrimas santas/ de las madres buenas?”. “Que la madre es lo único cierto/ que en la vida podemos gozar./ ¡Ay, la angustia no pasa/ de mi corazón!/ Lector que esto leas,/ tenme compasión./ Que no me entienda nadie./ ¿Para qué?/ Versos que no sean versos/ quiero hacer”. 



Artículo publicado inicialmente en Catalunyapress.es

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