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Los pobres son los primeros en la lista para irse al otro barrio

Carmen P. Flores
Directora de Pressdigital

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Archivo - Un hombre con una bata donde se puede leer

Manifestación para reclamar más recursos a la atención primaria en Madrid /@EP


Con la sanidad colapsada por lo que todos conocemos, las listas de espera kilométricas para especialistas, pruebas diagnósticas, e intervenciones quirúrgicas, la gente está que trina, porque al final si una enfermedad no es tratada a tiempo, el resultado puede ser mortal. A las personas les importa bien poco morir de covid o si se lo lleva al otro barrio cualquier otra enfermedad. Está muy bien que la prioridad sea la lucha contra el virus, y se debe atender a pacientes con covid, pero no a costa de los pacientes con cáncer u otras enfermedades que no son atendidos. La vida de todos los pacientes es igual de importante.


A día de hoy no se conoce el número de personas que han fallecido durante el Covid por ictus, cáncer o infarto al no ser atendidas. Parece ser un secreto de Estado la opacidad que se está dando en este tema. Pero los especialistas afirman que la mortalidad del cáncer de pulmón, por ejemplo, puede haber aumentado un 30%. En cuanto a los trasplantes, ha bajado un 22%. Así podríamos ir numerando todos los datos sobre las consecuencias de no haber atendido a tiempo a los enfermos, que son unas cuantas.


La única lista que por desgracia ha disminuido ha sido la lista de la dependencia debido al aumento de las personas fallecidas que en la primera ola - se producían 152 muertes diarias esperando un servicio al que tenían derecho como cualquier ciudadano, pero que nunca llego-. La cosa no ha mejorado y aun se encuentran esperando ser atendidas más 300.000 ciudadanos que representan estas frías cifras detrás de las cuales hay personas.


Las preocupaciones de la ciudadanía por la sanidad se ven también reflejadas en la tardanza que suelen tener las ambulancias cuando son llamadas por una urgencia, no todas, pero si una mayoría. Cuando se llama al número correspondiente para solicitar una ambulancia, en demasiadas ocasiones la desesperación del que espera para que sea trasladado el familiar o amigo es evidente, especialmente en los accidentes de tráfico. No son casos aislados. Se han dado y la culpa, como siempre, es crematística.


Ahora, con el fin de reducir el número de heridos y fallecidos, el Gobierno está elaborando la Estrategia de Seguridad Vial, y los expertos que están trabajando en ella quieren rebajar de 25 a 15 minutos la llegada de las ambulancias al lugar del accidente. Una propuesta que sobre el papel se puede aguantar, pero que en la práctica plantea seria dudas... ¿Cómo van a conseguir reducir 10 minutos: ¿Poniendo más vehículos o autorizando a los conductores aumentar la velocidad?


La salud de las personas debe ser una prioridad para aquellos que tienen la responsabilidad de gobernar. Se lleva demasiados años recortando la partida destinada a la sanidad. Las consecuencias se han ido viendo y la ciudadanía la sufre, no se les puede engañar. Ahora más que nunca se hace necesario repensar el modelo sanitario y las inversiones que hay que hacer, que deberían ser prioritarias. De no hacerlo, la situación actuar es insostenible para todos: sistema y pacientes que se sienten abandonados. Los hay que pueden pagarse una mutua, otros no. Las personas sin recursos económicos son los primeros en las listas para irse al otro barrio.

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