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El Rey, el presidente del gobierno y la lealtad de los morados

Carmen P. Flores
Directora de Pressdigital

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Que la mayoría de los teatros estén cerrados no quiere decir que no haya espectáculos, sino que los actores son otros y los escenarios también. Los políticos han desplazado a los actores, y el espectáculo está servido para asombro de la ciudadanía que mira incrédula lo que está ocurriendo. 


El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, interviene durante una sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados, en Madrid (España), a 23 de septiembre de 2020.


Cuando a sus señorías se le suben la vanidad y el poder al bisoñé, pierden el sentido por el que han sido elegidos y se creen el centro del universo.” Sería fantástico que Felipe VI no volviera nunca más a Catalunya” esta frase ha sido pronunciada por Jaume Assens, diputado en el Congreso por “designación” de Colau, pese haber conseguido en las primarias de su partido un resultado ridículo. El diputado bisoñé ha hecho unas declaraciones donde asegura que cada vez que el monarca viaja a Catalunya “abre una herida”. El problema de este diputado, demócrata comunista e independentista- ¿Cómo se liga esta salsa? es que se atribuye la representación del sentir de todos los ciudadanos de Catalunya y debe pensar que la gente es imbécil o sencillamente un rebaño de ovejas que sigue al pastor ideológico sin rechistar. ¿Quién es él para hablar en nombre de todos? ¿Se ha preguntado, en este conflicto que ha dividido a la sociedad catalana, lo que han sufrido los ciudadanos? ¿Quién va a cerrar las heridas?, ¿No tienen sentimientos los catalanes de segunda? ¿O sencillamente la democracia es solo para él y sus amigos independentistas? El diputado bisoñé no ha estado solo en este charco representativo de los auténticos demócratas, como se está viendo.


El vicepresidente del gobierno, Pablo Iglesias, después de haberse arreglado el moñete, ha tenido tiempo para utilizar las redes sociales y atacar al rey por la llamada de cortesía que este ha realizado al presidente del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes, que había dedicado en su discurso de entrega de los diplomas a la nueva promoción de jueces, unas palabras de respaldo al Rey. Pues bien, según el bolivariano vicepresidente “el respeto institucional significa neutralidad política de la jefatura del Estado”. Se olvida que él forma parte de un gobierno que debe respeto a la constitución y a la figura del Rey. Pablo Iglesias es gobierno y oposición a la carta según le convenga, una política muy peligrosa. “La turbulencia de los demagogos derriba los gobiernos”, pensamiento del filósofo Aristóteles. 


La estrategia del moñete y la Vanity Fair, no es otra que, mediante la demagogia, ir recuperando adeptos. Iglesias, con el cambio de imagen, (pendientes y moñete), pretende recoger el voto de los jóvenes, porque él es guay, coleguilla y dice lo que le viene en gana, es un valiente. Ella, Irene Montero, se ha aficionado a salir en el papel couche explicando cosas de su vida personal y familiar. El objetivo es presentarse como una superwoman moderna, triunfadora y a la vez pija, para conseguir el protagonismo que le ha quitado su compañera de partido y gobierno, la ministra de trabajo.


La ocasión para seguir atacando a la monarquía en esa estrategia que están llevando a cabo los morados, para tapar sus escándalos, la ha continuado el ministro que aspiraba a presidir Bankia, Alberto Garzón, quien ha recriminado al Rey Felipe que incumpla el principio de neutralidad que marca la Constitución y maniobrar "contra el Gobierno democráticamente elegido", y se ha quedado mirando a Málaga, ciudad de la que fue cabeza de lista, con poco éxito, por cierto. El respeto a la Constitución, a la libertad de expresión y a la neutralidad política es solo de ellos, como buenos bolivarianos. Son ellos los que continuamente se cargan el estado de derecho y la Constitución con sus salidas de tono. En la última campaña electoral el moñete sacaba un pequeño ejemplar de la Constitución en los debates televisivos como si fuera su Biblia. Era y sigue siendo un predicador.


Mientras estas declaraciones tan irresponsables y fuera de lugar de dos miembros del gobierno suceden, ¿que hace el presidente Sánchez?, ¿esconderse? Ya va siendo hora que se tome en serio esta situación tan irresponsable que se está se está cargando al gobierno, y algo más. El presidente Sánchez no puede permitir más los actos de los morados y lo que tiene que hacer es sacarlos del gobierno porque igual, en las próximas elecciones, el que sale es él. Este penúltimo conflicto es innecesario con la que está cayendo en España. El teatro no deben hacerlo los políticos, sino los actores, muchos de los cuales están pasándolo muy mal por el parón de la pandemia.


Cicerón, decía que “El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretende hacerse superior a las leyes”.


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