El abandono de Albarrosa y la falta de información a los vecinos

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Albarosa


Allá por los años 50, Viladecans contaba con una población de 7.508 habitantes. Era un pueblo, pueblo -algunas personas dicen que continúa siéndolo- que vivía principalmente de la agricultura, aunque ya en esos años, se construyeron las primeras fábricas, como Roca, y posteriormente algunas empresas más históricas que ya no están en el municipio.


En esa década es cuando se empezó a construir el barrio de Albarrosa. Una zona residencial donde la mayoría de los chalets eran una segunda residencia de la gente pudiente de Barcelona, que venían a pasar los fines de semana y las vacaciones de verano. Con el tiempo, las segundas viviendas fueron dando paso a primeras y sus propietarios ya no eran solo de Barcelona, sino que muchas familias venidas de fuera se habían construido sus casas, con mucho sacrificio. A día de hoy más del 70% de los propietarios son gente que vive de sus salarios o jubilados de los que hablaba antes.


En el año 1981, el boom demográfico saltó en Viladecans, el municipio contaba con una población de 43.358 habitantes. La emigración de manera masiva, por el efecto llamada, se asentó en esta población de la comarca del Baix Llobregat.


No entraremos a analizar el crecimiento de todos los barrios, no es el tema. Pues desde los años 50, la urbanización de Albarrosa, ahora barrio de Albarrosa, cuenta con 4.000 ciudadanos  -el concejal Pere Gutiérrez dice que no es una zona residencial- y las mejoras en el barrio han sido mínimas. La accesibilidad brilla por su ausencia, las papeleras se cuentan con los dedos de una mano y sobrarían algunos. En pleno siglo XXI los postes de la luz siguen en las aceras obstaculizando el paso a las personas, y sobre todo, a las de movilidad reducida. ¿Cómo es posible que las líneas eléctricas y los cables del teléfono no se hayan soterrado todavía? Es algo inexplicable. Con el Plan de Barrios, los presupuestos participativos, con una comisión elegida por el ayuntamiento y no por los vecinos, la comisión eligió -sin poner a votación de los vecinos  sus propuestas- una serie de prioridades, con una inversión de más de 400.000 euros, pero a día de hoy, el ayuntamiento no ha vuelto a informar a los vecinos en qué situación se encuentra el plan de mejora del barrio. Seguramente, su concejal de barrio, Ricard Calle, el empático, informe a la Asociación de Vecinos, que representa a una parte muy pequeña de los 4.000 vecinos  de cómo está el tema, al resto, la mayoría no están informados de nada, es como sino contaran . Muchos se preguntan que está sucediendo. La información directa, la transparencia y la democracia participativa brillan por su ausencia en el consistorio del PSC-ICV- EUiA que se dice de izquierdas.


Las asociaciones de vecinos no representan a todos los vecinos. Solo hay que ver el número de socios que tienen y las actividades reivindicativas que realizan a lo largo del año: bailes, barbacoas, excursiones, fiestas y festejos, al menos la AAVV de Albarrosa.

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