Un año sin Juan Carlos I y tres meses sin Pablo Iglesias

Carmen P. Flores
Carmen P. Flores
Directora de Pressdigital

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Hace un año de la marcha del Rey emérito Juan Carlos I a Abu Dhabi tras sus escándalos financieros y su relación con la ya famosa Corinna. A la par, se cumplen este miércoles tres meses de la marcha de la política del líder morado Pablo Iglesias. Tres meses en los que el coletas ha permanecido desaparecido para asimilar que ya no es el centro de atención de este país, porque se viene demostrando que nada es vitalicio, todo pasa, nada queda - las propiedades si- y las personas se olvidan rápidamente de sus líderes, por fortuna: hoy se puede estar en lo más alto de la cúpula, y mañana, pisando asfalto. Eso ocurre en la política, a las que algunos califican de suflé, y ya saben lo que ocurre con este dulce tan adictivo.


Archivo - El rey Juan Carlos I en una imagen de archivo de Europa Press.

Juan Carlos I @ep


El Rey Juan Carlos,” exiliado” en una país rico, de lujos, pero no deja de ser una cárcel de oro, sin poder volver a España: sus salidas con amigos, su ambiente y solo a los 83 años. El castigo no es menor para no perjudicar más a su hijo, es decir, la continuidad de la monarquía…


Mientras, en el partido morado, Pablo Iglesias ha dejado atado y bien todo el mando: Yolanda Díaz como interlocutora en el gobierno, es decir la “jefa” morada en el ejecutivo La dirección del partido cuenta con una bicefalia: Ione Belarra e Irene Montero para dirigirlo y ambas dos vigiladas de cerca por la secretaria de organización, Lilith Vestrynge, colocada también por Pablo Iglesias. Ha sido quien la ha puesto como contrapeso de sus dos compañeras, con aspiraciones sucesorias. Preparación tiene al margen de sus relaciones personales con el coletas.


Archivo - Imagen de archivo del exsecretario general de Podemos, Pablo Iglesias, junto a la portavoz estatal de la formación morada, Isa Serra.

Pablo Iglesias @ep


En estos momentos, en Podemos, con las tres mujeres que mandan - aunque Montero aspiraba a ser la única en liderar- la lucha interna y mediática para ver quién tiene más protagonismo ha empezado desde el minuto siguiente de quedar “repartido” el `papel diseñado para cada una de ellas por parte del jefe Pablo Iglesias. Una situación que complica y mucho al actual panorama de Unidas Podemos. Yolanda Díaz, es una mujer de apariencia amable, frágil y hasta dulce, pero la realidad es bien distinta: calculadora, fría, con mala uva y dispuesta a todo con tal de conseguir sus objetivos. Se sabe vender muy bien y aspira a ser la cabeza de lista en las próximas elecciones generales. Tiene trazado su plan de dar la imagen de eficiente, negociadora y persona de puente con el PSOE.


Mientras, Ione Belarra, siempre ha sido verbalmente muy agresiva, la punta de lanza que Iglesias ha utilizado en determinados momentos, y que pese a formar parte del gobierno, sigue la estela marcada por su jefe de ser el azote con su socio de coalición. No piensa dejar esa estrategia que tan buenos resultados políticos le ha dado. Mientras, Irene Montero, la eterna aspirante a casi todo, está marcada por sus aferes: compra del chalet, problemas con su escolta, las niñeras, los dineros,... Además ha sido la ministra que ha dividido al feminismo, Una actitud nunca vista, todo por aquello de que Unidas Podemos ha traído el “nuevo feminismo”, situación que ha enfurecido a este sector. Tampoco su gestión ha dado mucho de sí que digamos.


Con este panorama de lucha interna por el poder las tres patas del banco de Pablo Iglesias se encuentran inmersas en una batalla soterrada, que en más de una ocasión ha salido y seguirá saliendo a la luz. ¿Hasta cuándo?, hasta que una de las tres consiga la victoria. Si no es así, ahí está Lilith Vestrynge preparada para dar el salto, así lo ha diseñado el ideólogo podemita. Pero suele suceder, hay ejemplos, que cuando alguien deja las cosas atadas y bien atadas, suele suceder lo contrario.


Un año sin Juan Carlos I y tres meses sin Pablo Iglesias y el mundo continúa. Nadie es imprescindible.


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