​Casiodoro de Reina

Miquel Escudero
Miquel Escudero

Casiodoro de Reina


La Fundación ‘Centro de Estudios Andaluces’, adscrita a la Junta de Andalucía, ha presentado una colección de biografías de personajes que merecen ser mejor conocidos del público en general. Es un proyecto dirigido por el historiador Manuel Peña Díaz. Hoy quisiera comentar su tercera entrega: el libro Casiodoro de Reina (‘Libertad y tolerancia en la Europa del siglo XVI’). Su autora es Doris Moreno, profesora de Historia Moderna de la Universidad Autónoma de Barcelona, interesada en las fronteras entre ortodoxia y heterodoxia y entre tolerancia e intolerancia. Como buena historiadora -es rigurosa y objetiva-, Doris desea comprender bien el curso de los sucesos humanos en el pasado, y ha emprendido el seguimiento del desarrollo de una vida personal difícil por querer ejercer su libertad de conciencia.


Casiodoro nació hace cinco siglos en Montemolín, al sur de Extremadura, fue un monje jerónimo que se pasó al protestantismo; el monasterio sevillano de San Isidoro del Campo “fue la única comunidad española que ingresó en masa en un movimiento que sólo con reservas podemos llamar protestante” (Domínguez Ortiz), con diversos niveles de adhesión. Casiodoro huyó de España en 1557 y, cinco años después, un auto de fe en Sevilla ordenó que una efigie suya fuese quemada en público por dogmatizador y maestro de la herejía luterana. A él se debe la primera traducción al español de toda la Biblia, conocida como Biblia del Oso por su grabado (Basilea, 1569). Casiodoro fue un objetivo de busca y captura, tanto de espías inquisitoriales como de celosos calvinistas franceses y flamencos. Su vida anduvo por ciudades como Sevilla, Ginebra, Londres, Amberes, Basilea, Estrasburgo y Frankfurt (donde recibió la ciudadanía y falleció en 1594, casado y con hijos). Tuvo que huir varias veces, también perseguido por diversos centros protestantes. Dice la autora que con su posición flexible no quiso hurgar en “la herida abierta por la fragmentación del protestantismo”.


La vigorosa intervención de la Inquisición evitó que en España se formasen comunidades protestantes como en Francia. Doris formula esta cuestión: “Los inquisidores, ¿sabían lo que era ser protestante a mediados del siglo XVI? Si lo sabían, ¿aplicaron adecuadamente su conocimiento teórico a la hora de enjuiciar las declaraciones de los acusados?”. Unas preguntas que bien valen un libro. 


Artículo publicado originalmente en Catalunyapress.es

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