Barcelona en el corazón

Manuel Fernando González Iglesias
Manuel Fernando González Iglesias

A Coruña, 1952

TodosSomosBarcelona

El atentado ha dejado 13 muertos y más de un centenar de heridos


Para los que trabajamos al lado mismo de donde se ha producido el asesinato de tantas personas inocentes, este 17 de agosto no es un día cualquiera. Es aquel en el que, cualquiera de nosotros, pudo ser una de las víctimas porque irse a tomar un café al Zúrich o pasear por la zona de Canaletas para recuperar el ánimo en un día cualquiera de trabajo es algo habitual en nuestra rutina de mañana o tarde.


Las Ramblas son la arteria popular de la ciudad. La riada multirracial que por allí pasea durante toda la semana la convierte en un lugar popular y, por lo tanto, abarrotado de barceloneses y, sobre todo, de gentes venidas de todas las partes del mundo, que no se van de Barcelona sin darse un merecido paseo por esa especie de lugar sagrado de la iconografía de la ciudad. Todos nuestros visitantes saben que venir a Barcelona y no pasear por las Ramblas es como no haber venido a esta urbe cosmopolita y hospitalaria.


Mañana todos volveremos a las Ramblas y se nos caerán unas lágrimas al recordar a los que ya nunca podrán estar entre nosotros. Tras lo sucedido, olvidaremos nuestras diferencias y volveremos a ser todos catalanes de primera y barceloneses de corazón.


No tengo ninguna duda de que los que ha perpetrado esta atrocidad serán detenidos, juzgados y encarcelados de por vida. Nuestra policía es una de las más competentes del mundo en materia antiterrorista y nosotros sabemos aguantar con entereza estas situaciones tan terribles y descorazonadoras.


Recuperemos la normalidad para que los asesinos sientan el miedo del que sabe que va a morir o a ser encerrado en una cárcel de la que no va a poder salir nunca. Barcelona no es cualquier ciudad, como dice la canción, tiene poder, y los que disfrutamos de su día a día no es fácil que nos asustemos ante quienes, además de ser la escoria de la sociedad, no merecen por su cobardía más que nuestro desprecio. Levantémonos, una vez más, y volvamos a enseñarle al mundo de que pasta estamos hechos.


Toca ahora rezar por los que ya no están, acompañar a sus familias en su desconsuelo infinito y a continuación volver a las Ramblas a honrar su memoria y así plantarles cara a los terroristas.


Artículo publicado originalmente en CatalunyaPress.

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