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La brújula de Puigdemont

Carmen P. Flores
Directora de Pressdigital

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Carles puigdemont 1 1 1


Esta es la historia de un gobierno que hace tiempo que la brújula que guiaba su política se ha vuelto loca: no hay manera de que esta señale el norte. ¿Cómo es posible? se preguntan. Los gobernantes han perdido el norte y la brújula no atiende a razones, ¿no estará imantada? Eso parece, y sin brújula que marque el camino. La gente está perdida en los mares turbulentos en los que se ha convertido la política catalana.

Cada día, sin la dirección del norte, sucede un capítulo nuevo, a cual de ellos más desafortunados. Todo ocurre como un cuentagotas que en ocasiones dispersa una sola gota y otras en grandes cantidades que casi vacían el frasco.


Conforme van pasando los días, los nervios se hacen más presentes. El norte se ha perdido y la brújula sigue inmersa en su descontrol, lógico por otra parte.


El penúltimo episodio ha tenido como protagonista al concurso para adjudicar la elaboración de las urnas, que ha quedado desierto, al no reunir las condiciones exigibles las dos empresas que habían presentado sus ofertas para llevarse la adjudicación. Por los datos aportados, resulta que no tienen garantías de solvencia.

¿Y ahora qué? Según el presidente Puigdemont, habrá urnas sí o sí para el referéndum de octubre. ¿Cómo lo van a hacer? ¿De qué material estarán fabricadas? ¿Procedencia de las mismas? Son una serie de preguntas que alguien debe responder o no, para no dar más pistas. Si esta operación se hace clandestinamente, el rastro del pago quedará. A no ser que el gobierno y los que apoyan la consulta saquen de sus bolsillos el dinero y lo paguen a escote. Tengo mis dudas sobre ello.


No todo es malo. La falta de empresas solventes para fabricar las tan ansiadas urnas –que algunos llaman de cristal por la fragilidad que representan- hará que la consellera Borras no pueda ser acusada de desobediencias. ¿Sí? Las “casualidades” existen aunque no creamos en ellas… Es como si poco a poco estén actuando, sin saberlo, para que la brújula pueda de nuevo volver a señalar el norte tan necesario para saber el lugar al que se quiere ir, con garantías de que se cumpla.


Decía Leonardo da Vinci que "El que se enamora de la práctica sin ciencia, es como el marino que sube al navío sin timón ni brújula, sin saber con certeza hacia dónde va". Tenemos constancia del dueño del timón del barco que manejaría para conducirlo a la tierra prometida.


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