Los vecinos del barrio de Albarrosa no interesan al Ayuntamiento de Viladecans

|

1793714510477361238615


El barrio de Albarrosa, en Viladecans, fue en su día una zona residencial del municipio, básicamente de viviendas de segunda residencia de sus propietarios. Con el paso de los años, el 90% de las mismas son primera residencia. Sus habitantes, lejos de ser millonarios, forman parte de una clase media y media-baja que también han sufrido los estragos de la crisis.


Este barrio de más de 4.000 habitantes ha sido el más marginado por el gobierno local PSC- ICV. En él, las papeleras brillan por su ausencia y los contenedores no están adecuados al reciclaje.


En cuanto a la accesibilidad, se ha convertido en la gran asignatura pendiente de este barrio “residencial” de más de 60 años de vida. Las aceras están llenas de postes de alambrada lumínica, cabinas telefónicas y señales de circulación, lo que dificulta el paso de las personas que van en silla de ruedas, personas mayores, cochecitos de los niños y carros de la compra. Como denuncian los vecinos, este barrio está dejado de la mano del Ayuntamiento de Viladecans.


Ante las críticas de los vecinos y gracias a un acuerdo del pleno municipal, donde se aprobó una moción de presupuestos participativos avalada por los todos los grupos políticos del consistorio -iniciativa de ‘Viladecans, sí se puede’-, en los presupuestos de 2017 se destinarán 450.000 euros a inversiones en el barrio de Albarrosa. Para ello, convocaron a los vecinos para que decidieran ellos mismos las prioridades de tan “suculenta” inversión.


La convocatoria llenó la sala del Casal vecinal con un gran número de vecinos ilusionados por la propuesta piloto de presupuestos participativos. Por primera vez, podrían decidir las prioridades de su barrio. Pero la sorpresa fue mayúscula cuando vieron que el Ayuntamiento ya había elegido la composición de una comisión formada por 21 miembros. La mayoría de los mismos pertenecen a la Asociación de Vecinos del barrio, cuya presidenta tiene a su hija como regidora socialista en el consistorio.


Buena parte de los asistentes no salían de su asombro ante la imposición “democrática” de la comisión. Los vecinos esperaban que el grupo de trabajo saliera de la votación de los asistentes a la asamblea. Por ello, algunos de los presentes calificaron la acción del equipo de gobierno de “cacicada” nada transparente. Además, el ayuntamiento ha contratado a una empresa que cobrará cerca de 3.000 euros por “coordinar” y gestionar el proceso de participación vecinal.


Esa decisión también fue criticada ya que, a la entrada del salón donde tenía lugar la reunión, los asistentes rellenaban un formulario en el que debían escribir sus prioridades de inversión. Muchos allí se preguntaron ¿Para qué se necesita una empresa si ya hemos puesto en un papel nuestras peticiones?, ¿Qué sentido tiene?


A la misma reunión acudieron algunos miembros de los partidos de la oposición, de Ciudadanos y Viladecans, Sí se Puede, quienes manifestaron su disconformidad con el sistema de participación ciudadana elegido para este proceso de primeros presupuestos participativos.


En este sentido, en nombre de Ciudadanos, la regidora María José Iris, pidió “se informe también a los grupos de la oposición de esta reunión. Me he tenido que enterar por los vecinos” y Purificación González, portavoz de Viladecans, Sí se Puede, manifestó que “es necesario un proceso participativo de la gente, no directivo, que sean los vecinos quienes elijan a los miembros de la comisión de trabajo y se diga la ciudadanía que estos presupuestos participativos es un acuerdo de Pleno de todos los grupos políticos”.


Parece ser que la “comisión vecinal” estará trabajando seis meses en el “proyecto”, según explicó el regidor del distrito, Richard Calle, cosa que significa que hasta el mes de Setiembre no se podrá llevar a cabo ninguna acción real en el barrio.

COMENTAR

Pressdigital
redaccio@vilapress.cat
Powered by Bigpress
RESERVADOS TODOS LOS DERECHOS. EDITADO POR ORNA COMUNICACIÓN SL
Mapa Web Aviso legal Cookies Consejo editorial