La dualidad rentable de Viladecans

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Viladecans, ciudad- pueblo, una dualidad bien estudiada para denominarle según convenga. Así se justifican cosas, como ancha es Castilla.


Dos días antes de las elecciones, Carles Ruiz en su Twitter anunciaba la “adquisición” de las instalaciones de los cines, cerrados hace unos años, para ponerlo de nuevo en funcionamiento. Han pasado casi dos meses, y nadie ha dado más información de los plazos para que los ciudadanos/as sepan cuando van a poder disfrutar del mismo y ver las películas que quieran.


Suciedad viladecans



La incorporación de edificaciones altas, modelos urbanísticos y figuras como la de “agentes cívicos” muestra la cara de Viladecans ciudad. La innovación del campo, poniendo en valor la producción de productos propios con  denominación de origen de productos del campo como, por ejemplo, el tomate autóctono “aquí hay tomate”, pero sin industria de transformación. ¿Será el siguiente avance? Esto, pone de manifiesto el Viladecans pueblo que tanto gusta a algunos. Una dualidad digna de un genio creativo.


Hace ya unos cuantos años, la ciudad/pueblo incorporó la figura de los agentes cívicos cuyo número se ha ampliado hace pocas fechas, con un coste de medio millón de euros al año, después de la última ampliación del “cuerpo”. ¿Quién tiene adjudicado el servicio? La omnipresente empresa INIPRO.


A los agentes cívicos, la mayoría mujeres, por no decir todas -mucho voto cautivo-, se las puede ver por las calles, algunas con bloc en mano. Como su nombre indica, estos agentes están para realizar ese trabajo que todos imaginamos. También, dicen, para dar cuenta al ayuntamiento de los muebles que están en las calles y toda clase de desperfectos que se van encontrando por la ciudad/pueblo…


Eso, al menos, debería ser así, ¿lo es? No lo sabemos, o al menos no les hacen caso en la casa grande. Hay poca información de sus funciones y del circuito que siguen para tener en cuenta los informes que pasan.


Muchos ciudadanos, cuando había un cable suelto o un poste está a punto de caerle encima a algún viandante llamaban a la guardia urbana y el que estaba al otro lado del teléfono cogía nota y manifestaba que el incidente lo pasaba al ayuntamiento. Ahora, nos explican que llama cualquier ciudadano para comunicar que hay postes de telefónica que tiene carcoma y corre riesgo de caerse, o hay un cable suelto en la calle ‘tal’ y su respuesta es que se llama a Telefónica para que lo arregle. ¿Tiene que hacer esa función el ciudadano/a?


¿Entonces para que se quiere los agentes cívicos? ¿Miran realmente las deficiencias que hay, las comunican y las solucionan? Mucha gente tiene dudas de que eso sea así.


Pero claro, la creación de esos 20 puestos de trabajo como agentes cívicos ayuda a bajar la lista de parados y, además, hay una rentabilidad política. Aquí también se juega con la dualidad que tan buenos resultados le está dando a la ciudad/pueblo de Carles Ruiz y su equipo de gobierno más feminista de la historia…

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