​El intenso aroma indio

Miquel Escudero
Miquel Escudero

PierPaoloPasolini


En 1962, dos años antes de hacer su película 'El Evangelio según San Mateo', Pier Paolo Pasolini publicó El olor de la India (Península), libro donde concentraba su experiencia de un largo viaje por la India. Hacía solo diez días que había salido de Italia, y ya decía que le parecía diez años. Tras oír por la calle el canto inopinado de dos o tres voces, siente una revelación y escribe: “Parece la primera vez que alguien canta en el mundo: para mí, que siento la vida de otro continente como otra vida, sin relaciones con la que yo conozco”.


Descubre una timidez común entre los indios, amables, tranquilos e indiferentes. Anota: “había que ver con qué paciencia la gente aguardaba los autobuses en las paradas: formaban una cola con una disciplina que suizos y alemanes ni pueden imaginar, sin echarse el uno encima del otro, aislados, concentrados”.


De la India, dirá, uno vuelve rebosante, empapado, sucio de compasión. Sus observaciones son intensas y empáticas: “Y las alcobas…, como para oprimir el corazón: míseras camitas con colchones de colores ambiguos, grandes armarios, reinos de cucarachas, y, naturalmente, de cobras…”. Viven muy por debajo de lo humanamente soportable. Pero llevan milenios acostumbrados a la miseria, pero se maravilla de que carezcan casi por completo de vulgaridad. Conoce a la Madre Teresa de Calcuta (sor Teresa, la llama): “una mujer anciana, de piel morena porque es albanesa, alta, seca, de mandíbulas casi viriles y mirada dulce que, donde mira, ve”. Dice que “en sus rasgos está grabada la verdadera bondad (…) sin aureolas sentimentales, sin esperanzas, tranquila y tranquilizadora, poderosamente práctica”; una descripción muy elogiosa.


En cuanto a las castas, las ve como una tradición que es “un cáncer extendido y arraigado en todos los tejidos de la India”, de difícil extirpación en medio de un enorme subproletariado agrícola bloqueado y acostumbrado a la miseria, “están vacunados contra ella”.


Lejos de todo apego burgués, Pasolini afronta un contraste inevitable: “Camino despacio, mirando con la inverecundia (desfachatez) del extranjero de clase superior. Soy consciente de mi ropa, que no es espléndida y también está sucia, pero es garante de otro mundo que yo arrastro hasta este”. Sí, de la India volvía rebosante y sucio de compasión. 


Artículo original publicado en catalunyapress.es.

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