​Inmigrantes, ¿peligrosos o necesarios?

Luis Moreno
Luis Moreno

Pofesor de investigación del CSIC en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos

Inmigrantes 1


Con el cierre de los puertos italianos a algunos barcos donde viajaban inmigrantes y refugiados desde la orilla sur del Mediterráneo, España ha pasado a ser la entrada preferida para los traficantes de humanos que se trasladan a Europa. Como no podía ser menos, la loable decisión del gobierno Sánchez de acoger en Valencia a los 629 náufragos del barco ‘Aquarius’, salvados de las aguas del Canal de Sicilia cuando se dirigían a Italia, no ha hecho sino acrecentara el interés de los traficantes por las vías de acceso españolas.


Ahora se sabe que el 38% de la inmigración que llega a Europa desde el Mediterráneo occidental entra por España y que unos 22.000 inmigrantes accedieron en patera a las costas españolas en los últimos siete meses, una cantidad tres veces mayor que en el mismo periodo del año pasado y que ya supera en 5000 personas a los llegados al país transalpino.


En la última reunión de jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea las dos grandes iniciativas para encauzar el debate migratorio fueron recibidas con poco entusiasmo. Se trataba de establecer centros controlados en territorio europeo para evaluar si los inmigrantes recién llegados tienen o no derecho al asilo y de plataformas exteriores al espacio UE. El resultado de la reunión fue poco concluyente y a finales de agosto habrá un nuevo encuentro para discutir aspectos en detalle de estas propuestas. En el ínterin llegan a las costas españolas un creciente número de inmigrantes para los cuales las autoridades públicas encuentras dificultades materiales a fin de facilitarles alojamiento y atención humanitaria.


En España no se ha alcanzado el nivel de alarma social existente en Italia respecto a la inmigración. 


Ya en las últimas elecciones generales transalpinas buena parte del debate entre los partidos estuvo condicionado por el asunto de la inmigración. Hoy en día la estrella rutilante de Matteo Salvini, ministro del Interior italiano, líder de la Liga (denominación a la cual se le ha podado el apelativo de Norte), y verdadero ‘peso pesado’ en el gobierno de coalición formado con el Movimiento 5 Estrellas de Luigi di Maio, recuerda día sí y día no que Italia está saturada de refugiados e inmigrantes.


AGRESIONES EN ITALIA


Lejos de calmarse el debate en Italia se encona con incidentes de odio racial como el episodio de los disparos a un inmigrante negro, la agresión a una deportista italiana de color, o con acusaciones subidas de tono respecto a las causas de la criminalidad o la prostitución. Las acusaciones de algunos políticos y opinadores mediáticos en el país donde surgió históricamente el fascismo son preocupantes. Pero precisamente allí surgen nuevas iniciativas para la gestión de la inmigración. La periodista y reportera Milena Gabanelli viene insistiendo desde hace tiempo en la conveniencia de que se organizase metódica y racionalmente la acogida a los inmigrantes en suelo transalpino. A tal fin, y además de las labores de registro y sistematización, proponía la reutilización de viejos cuarteles y otras residencias inutilizadas para ofrecer no solamente una estancia digna y normalizada a los inmigrantes, sino servicios de instrucción entre los que se incluían la enseñanza de la lengua del país de su destino final. Recuérdese que ahora la Comisión Europea propone el pago de 6000 euros por cada por migrante acogido para los países fuera de la UE que aceptasen voluntariamente asumir la gestión de los recién llegados.


GESTIÓN EN ESPAÑA


Respecto a España, ¿no deberíamos prepararnos para hacer nosotros aquí, también con dineros comunitarios, las labores de acogida e integración de quienes arriban y seguirán arribando a nuestras costas? Siendo el tercer país del mundo en número de turistas, nuestro ‘saber hacer’ en la gestión de visitantes debería ser un activo aprovechable. 


Nuestra contribución para hacer entender a los refugiados e inmigrantes que también tienen obligaciones que cumplir en España y respecto a sus eventuales países de asilo, aportaría un valor añadido a la solución mancomunada europea. 


Todo ello redundaría en la aceptación por parte de los ciudadanos europeos de una política que mejorase su vida cotidiana y legitimase a la propia Unión Europea.


El discurso del peligro que conlleva la inmigración es un recurso populista que los partidos antieuropeos siguen atizando con insistencia y con no pocos réditos electorales como, por ejemplo, en los países centroeuropeos del grupo Visegrad (Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia). En España el asunto comienza a ‘interesar’ a partidos y distintos actores sociales. Un número creciente de gacetilleros políticos avisan que el tema puede convertirse en una poderosa arma arrojadiza electoral como ha sucedido en Italia. Pocos inciden en la verdad incontrovertible de que Europa necesita a los inmigrantes. El modelo socioeconómico europeo necesita de su contribución en forma de trabajo, de cotizaciones sociales y de impuestos para mantener vivos los sistemas de protección social en el Viejo Continente.


Con el envejecimiento poblacional, y el declive demográfico en toda Europa, sólo los inmigrantes podrían aportar sangre nueva para asegurar la viabilidad de nuestro Modelo Social Europeo, asediado por los sistemas alternativos de ‘neoesclavismo’ de los países emergentes y de la re-mercantilización individual anglonorteamericana. Como ya señalaron en 2011 mis colegas Francisco Javier Moreno y María Bruquetas en su estudio sobre inmigración y Estado del Bienestar en España, dada la previsible evolución demográfica, se haría necesaria la llegada de millones de inmigrantes para 2030, a fin de mantener los equilibrios socioeconómicos en Europa. En el caso español, los nacimientos apenas compensarían las defunciones y se calcula que se necesitarían al menos siete millones de inmigrantes para que la tasa de dependencia entre pasivos y productivos se mantuviese en un ratio óptimo.


La encrucijada de la inmigración para Europa se convierte en un asunto estructural sobre el que no cabe aprovecharse políticamente desde posiciones parafascistas o ingenuamente ‘buenistas’. 


Hay que superar los enfoques cortoplacistas que solo persiguen soluciones temporales para salir del paso. 


Respecto a los más amplios efectos de la inmigración en el Viejo Continente, no olvidemos que la cifra ya considerada como insoportable por xenófobos e intolerantes europeos (alrededor de 1 millón y medio en los dos últimos años), palidece al contrastarla con cálculos recientes que estiman en 30 millones los migrantes preparados para emigrar a Europa desde países en guerra o en muy malas situaciones económicas: ¿debemos esperar un nuevo rapto de Europa por los dioses omnipotentes?



Artículo publicado originalmente en Catalunyapress.es 

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